Icíar Bollaín | Directora y guionista "A veces, a las mujeres nos cuesta creer en nosotras mismas"

  • La madrileña abre el certamen con 'La boda de Rosa', un filme "luminoso" sobre la necesidad de la autoestima

Icíar Bollaín, este viernes en la presentación de 'La boda de Rosa' en el Festival de Málaga. Icíar Bollaín, este viernes en la presentación de 'La boda de Rosa' en el Festival de Málaga.

Icíar Bollaín, este viernes en la presentación de 'La boda de Rosa' en el Festival de Málaga. / Álvaro Cabrera

Todos los ojos del cine español están puestos en Málaga. Como todos los años, en un festival dedicado a la producción nacional... pero en este atribulado 2020 con más motivos aún. Esta edición del Festival de Cine de Málaga no se parece a ninguna otra. Con un obligado protocolo de seguridad medido al milímetro, el certamen es el primero que se celebra en España después de la irrupción de la pandemia que ha puesto patas arriba la industria del cine, hoy sumida en la incertidumbre. Icíar Bollaín inauguró ayer la nueva edición del festival con La boda de Rosa, su última película, recién llegada simultáneamente al circuito de salas comerciales.

–¿Era necesario que el Festival de Málaga apostara por una edición presencial pese a todo?

–Me parece de aplauso que hayan sacado adelante el festival. Supone valentía, pero también es que hay que mandar un mensaje de que pese a todo hay que seguir con la vida. El cine sigue, hay compañeros que han rodado, se sigue rodando, y éste es el primer festival que levanta la persiana, y tiene por ello mi admiración. Aunque sea con todas las medidas de seguridad, que por supuesto que hay que tenerlas, hay que continuar trabajando, enseñando nuestro cine, en contacto con el público.

–Otros años había sido invitada a participar en la Sección Oficial pero hasta esta edición no lo ha hecho. ¿Por qué ahora sí?

–Las películas a veces salen en una época del año en la que no coincides con el festival y esta vez sí lo hacía. Acabamos la película en marzo, estaba lista para traerla a Málaga y por eso lo hicimos. Otras veces es otro el festival que toca más cerca de tu estreno. Pero Málaga es una cita con el cine español fundamental y si no vienes a una cosa, vienes a otra.

–¿Cómo surgió la idea?

–La idea de la boda con una misma la encontré en un periódico. Me pareció muy divertido, pero además, pareciendo algo estrafalario, pensé también que escondía un tema muy importante que es el de la autoestima, el cuidarse uno mismo, respetarse y escucharse. Hablar de todo eso desde el humor y la alegría en una película luminosa es lo que hemos intentando hacer.

–¿En el personaje de Rosa se pueden ver reflejadas millones de mujeres?

–Sí, y algunos hombres también. Hay muchas Rosas en el mundo, y de alguna manera o de otra todos tenemos en cierta manera algo de Rosa. Hay muchas mujeres cuidadoras, que se echan encima lo de todo el mundo y que les cuesta poner límites a los demás, es algo muy universal.

–¿Cuando alguien se da tanto a los demás, siempre hay quien abusa de ello y ello propicia relaciones desiguales?

–Sí. En este caso la familia no tiene mala intención, es una familia que se quiere pero tienen todos una cara que se la pisan. En las familias se detecta quién tiene esa disposición de estar para los demás... y suele ser una mujer.

–Y muy invisible además…

–Se da por sentado que ha de ser así. Además, a Rosa le cuesta mucho poner límites. Para que le hagan caso tiene que poner tierra de por medio y hacer un esfuerzo muy grande para poder coger las riendas de su vida.

–¿Se quieren las mujeres poco a sí mismas?

–Creo que esa es una asignatura pendiente. Nos escuchamos poco, tenemos más tendencia a escuchar a los demás. No en vano, hay una frase muy femenina que es cosas mías, tonterías mías.

–¿Hay más límites autoimpuestos o de fuera?

–Hay muchos límites impuestos desde fuera. Es verdad que hay que creer en nosotras mismas y, a veces, nos cuesta, pero no hace falta ponerse límites porque de todos modos están todos dispuestos a ponértelos. Hay muchas creencias muy arraigadas que conforman ese invisible techo de cristal. Algo tan simple como asumir que un hombre está más dotado para el mando o tiene más capacidad de decisión. Hay creencias que aún frenan el avance de la mujer.

–¿La boda de Rosa es su reivindicación feminista?

–Es una reivindicación de la persona, del uno mismo, del escucharse, de tomar las riendas de tu vida, eso vale para todos. Que las mujeres tenemos que hacerlo más, sí, pero vale para todos.

–¿Qué le aporta al papel una actriz como Candela Peña?

–Ella tiene algo precioso y es que es capaz de darle candor a un personaje, de hacer natural una cosa tan absurda como puede ser casarse con una, y tiene como una inocencia proponiéndolo... Pero luego tiene también un tronío y una intensidad dramática fortísima. Hace las dos cosas, la comedia, el drama, sabe oscilar y nos puede hacer reír con su drama. Es una grandísima actriz que llena de verdad todo lo que hace. Además, aparece en pantalla y la quieres, quieres que le vaya bien. Es una especie de mujer universal, todos conocemos a alguien como la Candela de la película.

–Su éxito es cuestión de talento... ¿y de qué más?

–De mucho trabajo. Las películas son muy artesanales, dedico mucho tiempo a ello, como cualquiera que hace una película. La escritura del guión es muy minuciosa, parece muy sencillo pero está muy construido, luego hay un proceso de cásting, hay mucho mimo en la preparación de la película, una dirección de arte muy cuidada, la iluminación, un proceso de montaje muy elaborado, en el que interviene la música que en esta ocasión es de otra mujer, Vanessa Garde, el posterior trabajo de prensa... Trabajo, mucho trabajo. No hay otra.

–¿Qué le pediría usted al ministro de Cultura?

–Que apoye la industria cultural, estamos en un momento difícil para todos, se está apoyando a la hostelería con todo motivo, a las industrias que aportan PIB, es una situación dificilísima y la entendemos, pero la industria cultural también aporta al producto interior bruto, es fundamental y la tiene que apoyar de manera decidida. Apoyar la apertura de salas y de teatros, porque es un sector que vive con mucha precariedad y la persiana cerrada tiene un límite. A lo mejor luego no se puede levantar.

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