Entre la inteligencia cómica y la rutina visual
Gru, mi villano favorito. Animación, EEUU, 2010, 95 min. Dirección: Chris Renaud, Pierre Coffin. Guión: Ken Daurio, Cinco Paul. Música: Hans Zimmer. Con las voces (en la versión original) de: Jason Segel, Steve Carell, Kristen Wiig, Ken Jeong, Will Arnett, Russell Brand, Miranda Cosgrove.
La moda es el 3D. Y en la cumbre de esta moda está la animación digital en 3D. Cuando tuvo que luchar contra el abandono del público, el colapso de los estudios y la competencia de la televisión -allá por los años 50- Hollywood se lanzó a las superproducciones, los grandes formatos (Cinemascope, Todd-Ao, Cinerama), el color, el sonido estereofónico y hasta el relieve: todo lo que no podía dar la televisión. Medio siglo más tarde, en lucha contra el consumo doméstico de imágenes, el pirateo y la competencia de los videojuegos, se ha lanzado al 3D y la animación.
Al coloso Pixar-Disney y al gigante Dreamworks han seguido Fox, Sony y ahora Universal. Ninguno alcanza las cotas de perfección técnica e inteligencia creativa del líder que acaba de regalarnos Toy Story 3, pero la proliferación de estudios está aportando títulos notables. Uno de ellos es Gru, mi villano favorito, que, haciendo honor al nombre del estudio -Universal- es una producción norteamericana dirigida por dos franceses (Pierre Coffin y Chris Renaud) a partir de la idea de un codirector y coproductor español (Sergio Pablos).
Un malo que tiene la mirada ojerosa y la bufanda del Alec Guiness de El quinteto de la muerte, las malas ideas, las máquinas extravagantes y la casa siniestra del Jack Lemmon de La carrera del siglo, un aire de familia con los Adams y parentesco lejano con las criaturas de Tim Burton, quiere dar un golpe de efecto para superar a su joven contrincante Vector: robar la Luna. Pero se interpondrán en sus planes lo más difícil de conseguirse hoy, un crédito del Banco del Mal, y las inesperadas cargas de unas huérfanas que adopta por razones estratégicas.
Se le deben agradecer a la película inteligentes efectos cómicos, caracteres bien definidos y que ofrezca entretenimiento inteligente. Pero se le puede reprochar una cierta rutina en su concepción visual y una excesiva simplificación del guión que obliga a estirar los episodios más de lo aconsejable. Como lo primero compensa lo segundo, la cosa queda en empate.
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