El hambre, se ama como se come | Crítica de teatro

La libertad absoluta y el hambre

Juanma Lara y Roberta Pasquinucci, dos personas 'normales' en 'El hambre'

Juanma Lara y Roberta Pasquinucci, dos personas 'normales' en 'El hambre' / Jacobo Medrano

Retoman las funciones, tras el parón forzoso provocado por el Covid, de esta función magníficamente dirigida por Ignasi Vidal y mejor interpretada por Juanma Lara y Roberta Pasquinucci. Escrita por el italiano Renato Gabrielli y descubierta por José Sanchis Sinesterra que la puso en manos de su adaptadora e intérprete, Pasquinucci, que, a su vez, cambió el título en su versión española. En italiano la obra se llama Tres - una historia de amor.

Entiendo que el nuevo título incide directamente en este experimento-juego intelectual que evoca el canibalismo como opción de vida. Naturalmente, esta idea de gourmet en manos de  Renato Gabrielli se transforma en un análisis sobre la libertad vista de manera absoluta, del amor sin condiciones y de la separación que puede llegar a existir entre una moralidad dominante y la propia mente humana.

Impactante propuesta, juego intelectual, sorpresa incómoda

Hannibal Lecter o la cinta Canibal de Manuel Martín Cuenca inciden en adentrarse en la mente de un humano que consume carne humana. En El hambre aparece el ofrecimiento por parte de otra persona para ser consumido (la obra se basa en el crimen cometido por Armin Meiwes en 2001 en la ciudad alemana de Rotemburgo).

La relación autor-director-intérpretes funciona a la perfección. Vidal deja fluir el diálogo y las acotaciones  con naturalidad y arropa a Juanma Lara y Roberta Pasquinucci que se devoran en escena con absoluta maestría interpretativa intercalando momentos de humor en esta hipnótica historia que, muy bien, puede cortarte la digestión.

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