Acordes, valses y disonancias

Salir al cine

Ludwig Göransson, Jonny Greenwood, Alexandre Desplat, Max Richter y Jerskin Fendrix aspiran al Oscar a la Mejor Música Original que se entrega el próximo lunes 16 de marzo.

Jonny Greenwood: ojalá a la tercera vaya la vencida.
Jonny Greenwood: ojalá a la tercera vaya la vencida.

La 98ª edición de los Oscar que se entregan el próximo lunes 16 reúne en la categoría de Mejor Banda Sonora Original a cinco compositores con visiones musicales radicalmente distintas como lo son también las de sus respectivas películas: Ludwig Göransson por Sinners, Jonny Greenwood por Una batalla tras otra, Max Richter por Hamnet, Alexandre Desplat por Frankenstein y Jerskin Fendrix por Bugonia. Una terna que parece un manifiesto sobre la diversidad del lenguaje musical (de autor) contemporáneo y que, en todo caso, como de costumbre, deja fuera trabajos estimulantes como los de Daniel Lopatin para Marty Supreme, Bryce Dessner para Sueños de trenes, Joe Hisaishi para Un viaje atrevido y maravilloso o, muy especialmente, el de Kangding Ray para Sirât.   

Las apuestas e inercias sitúan de nuevo como favorito al sueco afincado en Hollywood Ludwig Göransson, ganador de la estatuilla por Black Panther y Oppenheimer y avalado por los BAFTA o los Globos de Oro por Sinners, el thriller musical y sobrenatural de Ryan Coogler ambientado en los años 30 en el Delta del Mississippi. Lo que hace interesante su partitura no es sólo su calidad técnica, sino su compromiso histórico: de padre guitarrista de blues, Göransson la sustenta sobre una guitarra Dobro Cyclops inspirada en grabaciones originales del género. Arranca en modo acústico y se expande luego hacia los metales, las cuerdas y la percusión, incorporando un djembé africano y un cantante choctaw para trazar una genealogía musical donde el blues ya no es un género sino una corriente viva y orgánica que atraviesa el filme y, de paso, toda la música popular norteamericana.

Sinners.
Sinners.

El británico Jonny Greenwood consigue su tercera nominación en su sexta colaboración con Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, un retrato sardónico y frenético de una Norteamérica en guerra ideológica basado en una novela de Pynchon. El guitarrista de Radiohead compuso la partitura desde el guion y la grabó luego con la London Contemporary Orchestra tocando él mismo el piano (protagonista), la guitarra, las ondas Martenot y la percusión. El brillante resultado oscila entre la ansiedad maníaca y las oleadas de sintetizador, entre el jazz disonante y los crescendos marca de la casa, construyendo interiores psicológicos con la misma precisión que en Pozos de ambición o El hilo invisible, aunque ahora también sea capaz de impulsar secuencias de acción a gran escala, con la memorable persecución de coches en el desierto como punto culminante.

One battle after another.
One battle after another.

Nuevo niño mimado y pequeño superventas del modern classic, el alemán Max Richter recibe su primera nominación por Hamnet, el drama de duelo y sublimación de Chloé Zhao basado en la popular novela de Maggie O’Farrell sobre la pérdida del hijo de Shakespeare observado a través de los ojos y emociones de su esposa. La partitura combina orquesta de cuerda, un coro de voces femeninas e instrumentos de la época isabelina procesados electrónicamente. Minimalista y meditativa, construida sobre motivos recurrentes, la música acabó rediseñando el propio final del filme: fue la escucha de una pieza del compositor (la tantas veces utilizada On the nature of daylight) lo que le dio a Zhao la clave para el desenlace.

Hamnet
Hamnet

El francés Alexandre Desplat es el compositor con más experiencia en la sala: doce nominaciones y dos Oscar, el último precisamente con Guillermo del Toro por La forma del agua. Para su ampuloso y algo vacuo Frankenstein entrega una partitura clásica, orquestal y épica, con resonancias del Hollywood dorado aunque convenientemente actualizada. Su solución para la escena en que Víctor Frankenstein recoge cadáveres en campos de batalla cristaliza en un gran vals para orquesta y coro que adopta el punto de vista del artista sobre el horror para convertir lo monstruoso en ambición y el miedo en fascinación.

Frankenstein.
Frankenstein.

Ya nominado en 2024 por Pobres criaturas, y con una carrera alternativa en el pop de vanguardia, el británico Jerskin Fendrix sube la apuesta del choque y el protagonismo musical con su nuevo e hipertrofiado trabajo musical para Yorgos Lanthimos. Bugonia es una experiencia tan hipnótica como sofocante: cada pista acumula tensión, con cuerdas agudas y potente percusión que remiten a cierta épica distorsionada en una pesadilla. Su nominación señala que la Academia está dispuesta a reconocer una música que no ilustra sino que perturba, convirtiendo el malestar y la paranoia contemporáneas en forma sonora.

Bugonia.
Bugonia.

Se hace pues difícil juzgar esta terna con un criterio único: arqueología cultural y autobiografía en Göransson, cartografía psicológica en Greenwood, tejido emocional del duelo en Richter, elegancia neoclásica al servicio de la grandiosidad en Desplat, y malestar convertido en estética visionaria en Fendrix. La madrugada del lunes 16 sabremos por qué sonoridad apuestan los académicos. Nuestros deseos, siempre del lado de Greenwood.  

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