"Lo peor que te pueden decir en el flamenco es que has estado perfecto"

Farruco. Bailaor

La sala Joaquín Turina recibe hoy el mosaico de bailes de Antonio Fernández, Farruco.

Antonio Fernández Montoya, Farruco (Sevilla, 1988).
Antonio Fernández Montoya, Farruco (Sevilla, 1988).
Patricia Godino / Sevilla

29 de noviembre 2012 - 05:00

"Cuando desde pequeño estás metido en el flamenco, no tienes que pararte a decir qué es lo que tienes que hacer porque ya estás metido allí". Una reflexión sencilla y sin embargo guardan estas palabras la hondura de quien, por sangre, está ligado a la estrella y la tragedia de una familia única, Los Farruco.

Antonio Fernández Montoya El Farruco -así, sin diminutivos, quiere presentarse- es, sobran presentaciones pero hacemos memoria, el nieto de aquel gitano que se marchó de su casa con siete años, que con 15 ya era padre y con 16, viudo; un intérprete -recuerda Antonio- al que cuando bailaba "le rechinaban los dientes porque recordaba, entonces, subido al escenario, el hambre que había pasado". Porque, opina el intérprete nacido hace sólo 25 años, "lo peor que te pueden decir al bailar es que has estado perfecto... Es para echarte a llorar. El flamenco es otra cosa, debe ser otra cosa, no la perfección".

A esa fuerza ignota que nace de los propios lamentos del alma se encomienda el baile de Antonio porque la suya también fue una madurez precoz. Durante una actuación en Buenos Aires, su padre, con sólo 42 años, cayó fulminado de un infarto cerebral sobre el escenario mientras su otro hijo, Farruquito, bailaba su cante. Es entonces cuando Antonio, con sólo 12 años, se convierte en el sustento de la casa. "Mi hermano estuvo meses sin poder hablar y mi madre -La Farruca- no estaba para nada. Y me tocó a mí ser entonces el que trajera el pan a casa", recuerda con nobleza el joven padre de una pequeña sobrada de compás, pero que "será lo que ella quiera". "A mí no me gustaría que fuera artista, porque en el flamenco no siempre triunfan los buenos", valora este eje de una cadena trasmisora de formas en la danza flamenca: los pies eléctricos, la colocación, el baile macho, la rabia, la soleá... Y forma parte de una cadena, lo dice él, lo dice la crítica especializada, en la que cada uno de sus eslabones "tiene una personalidad distinta, afortunadamente", subraya quien por debajo tiene a El Carpeta, hoy con 15 años.

Embarcado en la gira internacional como bailaor en la compañía de Paco de Lucía - su gran ídolo, porque es acaso la guitarra esa pasión confesa que le desvela-, Farruco regresa ahora a Sevilla dentro de la programación de los Jueves Flamencos, tras seis años sin aparecer por los escenarios de la ciudad. "Me han ofrecido participar en las últimas dos Bienales y no he querido. Yo quiero venir con algo que me apetece, en un espacio decente y con algo mío", apunta.

La de esta noche es, pues, la oportunidad única de ver a un intérprete cuyo discurso supera tópicos: los asociados al flamenco y a su propia familia. Condensará su baile en un mosaico hecho de tarantos, tangos, bulerías y soleás al que pondrán voz, toque y ritmo Antonio Villar, Rubio de Pruna, Antonio Rey, Isidro Suárez y Polito.

Farruco. Sala Joaquín Turina. A las 21:00. De 12 a 18 euros. www.cajasol.es

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