"Los políticos también quieren ser estrellas del rock"

Loquillo. Rockero

El músico barcelonés grabó el pasado sábado en Granada su próximo disco, que bajo el título. 'De vez en cuando y para siempre' compendiará los últimos años de su carrera.

José María Sanz 'Loquillo', en una de sus habituales poses desafiantes, durante una actuación reciente.
José María Sanz 'Loquillo', en una de sus habituales poses desafiantes, durante una actuación reciente.
Gonzalo Cappa

25 de febrero 2014 - 05:00

José María Sanz, más conocido como Loquillo, dibuja un panorama desolador: "Ser cantante -afirma- es una profesión de alto riesgo entre la piratería, el 21% de IVA y la situación de la SGAE". Por si esto fuera poco, su equipo de baloncesto, los Boston Celtics, naufraga en estos momentos en la NBA. Y sin embargo, el cantante catalán desafía a la crisis. El pasado sábado vendió más de 6.000 entradas para el concierto que ofreció en el Palacio de los Deportes de Granada, donde grabó el que será su próxima lanzamiento discográfico: el típico directo con los temas más conocidos, en este caso de los últimos años. Respecto a la crisis del equipo del Garden, dice, "todo es cíclico y acabaremos fichando a LeBron James". Después de 35 años de carrera, Loquillo sabe que lo importante no es estar arriba o abajo, sino resistir.

-Habla de cuando sea un poco mayor, pero igual que en el caso de Miguel Ríos, hay que mirar la fecha en la que se tomaron las fotos en las que aparece porque podrían ser de ayer o de hace 20 años... ¿Beben lo mismo?

-Yo tengo 53 años ahora, la diferencia respecto a Miguel es que mi generación ha conseguido algo que a su generación casi se le negó: poder madurar haciendo rock. Miguel, igual que Rosendo, pertenece a la generación de los pioneros del rock en este país y lo han pasado muy mal. Cuando eran jóvenes la puerta para los rockeros estaba cerrada. En España, el rock era considerado música para jóvenes y ahora es la música de raíz popular más importante del país. Desde los cantautores a los políticos, todos quieren de alguna manera ser estrellas del rock y eso ha ocurrido en muy poco tiempo, porque sólo a partir de 1978 los grupos de rock pudieron empezar a cantar canciones sin censura. Miguel Ríos vivió una época muy difícil, ahora se le está poniendo en el sito que merece, pero recuerdo décadas en las que se le despreció por todos los lados. Esto se ha normalizado, aunque todavía existen situaciones que deben cambiar, por ejemplo que se reúnan dos grupos de comienzos de los 80 y se le llame festival de la nostalgia. Cuando salen Serrat y Sabina nadie dice: los cantautores de los años 60 se reúnen. Las bandas de rock que tienen una trayectoria no hacen revivals, mantienen su pulso y su actualidad.

-En el caso que cita de Sabina y Serrat es casi peor, porque siempre les preguntan por la salud y por cuándo se van a retirar...

-Me encuentro que comparto cartel con M-Clan y hay gente que habla de festival para nostálgicos, lo que me deja alucinado porque somos grupos de plena actualidad, que graban discos cada año. Es una mentalidad que hay que cambiar porque, no lo olvidemos, la normalización del rock en España no tiene más de 30 años.

-¿Qué opinión le merece el movimiento indie que llegó después de ustedes?

-El indie empezó en los 90 y los primeros artistas que surgieron han pasado los cuarenta. Cuidadito, porque el indie suele ser una propuesta novedosa y pertenece al ámbito de grupos muy jóvenes, pero una persona, cuando tiene una edad, tiene su sello y habrá evolucionado desde que empezó. Es una etiqueta en la que he visto a grupos de pop electrónico y a grupos de rock duro. No existe una etiqueta de música independiente, si escuchas esto hay que salir corriendo, porque el independiente tienes que ser tú. Yo he hecho siempre lo que me ha dado la gana, comencé grabando en sellos independientes, después pasé a multinacionales y volví al ámbito independiente, he pagado dinero para no seguir en una compañía, he sido empresario en muchas ocasiones y la independencia es hacer lo que uno cree en cada momento, nunca puede ser un sello de revistas o de críticos.

-Después de tantos años de carrera, ¿le sorprendió el repunte de popularidad que experimentó su música cuando puso la banda sonora a la serie de televisión Crematorio?

-Me sorprendió porque cada uno entiende las letras como quiere, uno escribe una cosa basándose en una experiencia personal determinada y resulta que esa canción acaba convirtiéndose en la cabecera de una serie. He hecho trabajos específicos para bandas sonoras de películas, pero en este caso vinieron a por esta canción en concreto y esas cosas siempre ayudan. Ojalá vinieran más. Los que no recibimos subvenciones del Ministerio de Cultura, a dedo, agradecemos que de vez en cuando te llegue una alegría como ésta, porque te ayuda a financiarte.

-Con todo, sigue habiendo oasis de la música como el programa de Javier Limón en Canal Plus...

-Claro, pero yo hablo de las televisiones públicas, las que pagamos todos. Yo pago unos impuestos y se deben cuidar todos los ámbitos de la cultura. Dentro de poco no vamos a tener claro ni de dónde viene nuestro folclore, lo que me parece una bestialidad.

-Le acompañan Leyva y Ariel Rot, con los que estuvo de gira el pasado año. ¿Son los músicos que en la actualidad siente más cercanos?

-Hay una cosa que no soporto, y es tener 50 invitados para un disco en directo, nunca me compraría un disco con 40 invitados, porque a quien quiero escuchar es al artista, no a sus amigos. Los únicos invitados son Leyva y Ariel y la razón es que estuvieron en la gira, con lo que han estado presentes en mi vida musical de los últimos años. Yo grabo un disco en directo cada nueve años, y éste es el primer disco en directo de rock desde mi marcha de Los Trogloditas. El anterior disco que grabé de rock fue en 2005, y el más cercano fue el que recogía toda mi trayectoria de poesía contemporánea, que grabé en Madrid hace dos años, pero este resumía mi trabajo al margen del rock & roll, lo que yo llamo mi espacio privado, una chapa mía. Sé que es minoritario, pero me sirve para airearme y para aprender, algo que seguiré haciendo. No es lo mismo un teatro que un escenario de rock, ir a un teatro a hacer un repertorio de rock and roll es como echarle Coca-Cola a un whisky de malta. Para el concierto de Granada, tuvimos que ir al Palacio de Deportes porque no tengo otro sitio en el que meter a la gente. Pero el teatro está para hacer teatro y, si vas a hacer música... hace falta un ritual. No soporto a los artistas que van a grabar a un teatro y no han visto en su vida una obra de teatro. En mi caso, el personaje que canta los poemas de Luis Alberto de Cuenca no tiene nada que ver con el hombre de negro que canta rock. Los dos forman parte de la misma persona, que es Loquillo, pero son dos rituales diferentes.

-En los últimos tiempos se ha formado una especie de camarilla entre Bunbury, Calamaro, Jaime Urrutia y usted. Participaron en multitud de videoclips y colaboraciones. ¿Cómo surgieron estas amistades tan estrechas?

-Eso fue hace años y la actualidad es la grabación de este disco.

-Javier Krahe decía que la de cantante es la mejor profesión del mundo porque el público aplaude cada cinco minutos. En el caso del teatro, aplauden después de hora y media y sólo si les ha gustado... ¿Es la profesión más agradecida?

-No sé, en España, ahora mismo, ser cantante es una profesión de alto riesgo, porque entre la piratería, el 21% de IVA y la situación de la SGAE... No tenemos ninguna defensa, sólo nos queda el aplauso del público, pero es difícil que la gente pague una entrada con los tiempos que corren.

-En el concierto que va a grabar para su próximo álbum repasará su producción en la última década. Otros artistas no se pueden permitir dar un concierto sin incluir canciones que sacaron hace 30 años...

-Puedo decir que no es un concierto de nostalgia del Loquillo de los 80 y los 90, cada década tuvo su disco en directo. Esta es la estructura del concierto, nada más lamentable que artistas que repiten las mismas canciones en todos sus discos en directo.

-Con el panorama que dibuja, ¿tiene todavía más razones para seguir vistiendo de negro?

-Cualquier artista español que vive en España y no en América tiene que estar comprometido con lo que está ocurriendo, es muy fácil ver las cosas desde el otro lado del charco. Yo y otros muchos compañeros estamos luchando por mantener la dignidad.

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