Los rostros de la esperanza vistos por Cornelis Zitman
La Sala Santa Inés dedica una amplia retrospectiva a la obra del escultor holandés, afincado en Venezuela desde los años 40
Dice Cornelis Zitman (Leiden, Holanda, 1926) que confía en que sus esculturas hablen por él. Le cuesta disertar sobre su obra, pero no así sobre su singular trayectoria. Antiguo estudiante de la Academia de Bellas Artes de La Haya, huyó de su país para evitar el servicio militar y se estableció en Venezuela en 1947. "Cuando llegué era pintor, más o menos", bromea.
Un año después arribó su novia, Vera Roos, y se casaron. "Necesitaba sillas. Las diseñé y en dos años tenía una gran fábrica de muebles. Lo dejé, empece otra vez y al cabo de dos años más trabajaban para mí 400 obreros. Pero no era mi fin en la vida", explica.
Ese fin se puede contemplar desde hoy hasta el próximo 15 de marzo en la Sala Santa Inés, que alberga la muestra Zitman en España. Organizada por la Fundación Cajasol y la Consejería de Cultura, la exposición, integrada por 60 piezas procedentes del Museum Beelden aan Zee de La Haya, el Maillol de París y diversas colecciones privadas, desvela el particular universo estético creado por el artista en su casa estudio de El Trapiche, cerca de Caracas. "Nuestra casa es nuestro pequeño país, ordenado, aunque lo que nos rodea sea caótico. Me he arraigado y ahora soy un escultor venezolano con pasaporte holandés", apunta.
Allí se estableció en 1964, tras un periodo de tres años en Holanda empleado en el aprendizaje de la técnicas de fundición, y allí ha seguido trabajando. "Necesito trabajar con las manos y hacer objetos que se puedan tocar. Lo curioso es que al principio no era así. Leonardo decía que la pintura es para los señores y la escultura para los albañiles, y yo pensaba igual", señala.
Aunque su primera exposición en Venezuela fue en 1968, Zitman no comenzó a ser conocido en Europa hasta que Dina Vierny, fundadora del Musée Maillol, exhibió su trabajo, esculturas en bronce, a menudo de grandes dimensiones, en las que prima la figura femenina, idealizada en la depuración de sus rasgos hasta desembocar en un personal canon, la raza zitmaniana. "Cuando veo mi cara observo una raza sufrida, pero en Venezuela y en las islas del Caribe veo caras de esperanza", comenta. Sin embargo, más que caribeños, los rostros de Zitman parecen, son, asiáticos. "Nuestras caras están deformadas -insiste-. Las de los asiáticos son de una raza que espera, que está en la esperanza".
La muestra, que abarca todo el arco temporal de producción del artista, supone una completa, y cuanto menos sorprendente, introducción a su obra. Que, en efecto, habla por ella misma.
l 'Zitman en España'. Hasta el 15 de marzo en la Sala Santa Inés (Doña María Coronel, 5). De martes a sábado.
También te puede interesar