Un 'thriller' noruego y 'tarantiniano' engulle a Resnais en la Berlinale
'Kraftidioten', de Hans Petter Moland, se convierte en la cinta más aplaudida justo el día del regreso del gran cineasta francés
Kraftidioten, exponente del humor extraseco escandinavo, así como el filme chino experimental sobre la ceguera Tui Na, engulleron ayer en la Berlinale al nonagenario Alain Resnais, el gran director francés, cada vez más interesado en explorar la raíz teatral del cine, una propuesta que, al menos al público presente en la proyección, no sedujo demasiado. Aimer, boire et chanter, como se titula su última película, en la que vuelve a rodearse de viejos amigos, ahonda en esa indagación formal y textual que apunta a una depuración y a una libertad cada vez mayores. Sabine Azéma y André Dussollier se cuentan entre los actores que se ponen aquí al servicio de Resnais, una de las grandes figuras del cine francés y europeo de las últimas décadas, que cuenta aquí, en su último trabajo hasta la fecha, una historia en torno a tres matrimonios en la ancianidad que de pronto, ante la muerte aparentemente inminente de un séptimo personaje (el hombre que las galanteó a todas), adquiere aires de comedia teatral.
En un registro muy distinto al del cineasta galo, Stellan Skarsgard, uno de los protagonistas de la Nymphomaniac de Lars von Trier, regresó al festival con uno de sus directores de cabecera, Hans Petter Moland, en un filme, Kraftidioten, de estética entre el western urbano y el polar francés y que narra una historia que recuerda sin disimulo alguno el estilo de los hermanos Coen o Tarantino. "No hay nada divertido en la muerte. Pero aquí, en el cine, funciona. Y si funciona en películas de EEUU por qué no va hacerlo en el Polo Norte", afirmó Bruno Ganz, compañero de reparto de Skarsgard, dejando a las claras el tono que se puede encontrar en esta película.
Kraftidioten discurre entre hermosos paisajes helados y toneladas de nieve, alrededor del encargado de las poderosas máquinas quitanieve -el personaje al que da vida Skarsgard-, que de ciudadano ejemplar pasa a vengativo padre del hijo asesinado. Su enemigo principal es un gangster local, un vegano que vive en una mansión de gélido diseño escandinavo. Los asesinatos en serie del ciudadano ejemplar desencadenarán una guerra contra la banda rival, comandada por el hombre serbio interpretado por Ganz.
En medio se cruzarán desde lacras escondidas en la sociedad perfecta noruega -la xenofobia- a un recital de observaciones de pretensiones mordaces sobre cómo percibe un serbio el modelo de bienestar escandinavo. Moland, el director, vuelve al Festival de Berlín dos años después de competir con A Somewhat Gentle Man, también interpretado por Skarsgard.
Por su parte, el realizador chino Lou Ye presentó un filme a ratos poético, a ratos terriblemente duro, que coloca al espectador en un salón de masajes, cuyo jefe y masajistas son ciegos o semiciegos y en cuyo elenco se alternan asimismo actores videntes con invidentes.
El filme escandinavo, mucho más despreocupado, refrescó una Berlinale necesitada de humor, que no pudo encontrarse precisamente en Tui Na, un filme que arranca con un joven rasgándose la yugular y casi desangrándose tras conocer que su ceguera no será pasajera, sino irreversible. Lou Ye trabajó con algunos actores que no interpretan el papel de invidentes, sino que lo son, lo que le "ayudó a trasladar al cine sentimientos como la desesperación de un ciego enamorado por saber qué es la belleza y por qué ésta forma parte del amor". Su película indaga en la ceguera en sus múltiples grados -irreversible o no, de nacimiento o accidental-, pero en un tono que quiere ser "esperanzador", explicó Lou, sea cual sea la situación del personaje.
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