Desde la trinchera insumisa
El Festival de Cine de Las Palmas y T&B editan un libro colectivo sobre uno de los grandes alquimistas del cine contemporáneo, el checo Jan Švankmajer
Más allá de las retrospectivas dedicadas por los festivales de Valladolid (1991) y Sitges (1994), la obra del checo Jan Švankmajer (Praga, 1934) permanece inédita en nuestro país, al que apenas han llegado en fechas muy recientes un par de DVD (Llamentol) con algunos cortometrajes y el largometraje Fausto (1994).
El Festival de Las Palmas se unía recientemente a esta necesaria reivindicación de Švankmajer con un ciclo y una publicación colectiva que ahora llega a nuestras manos, un libro que aspira a desentrañar las claves, influencias y esencias de la obra de este fascinante cineasta que prepara ya su nuevo largometraje, Surviving life.
Impacto e incomprensión son probablemente las primeras reacciones ante el cine de Švankmajer. Su imaginería es violenta, agresiva en sus transformaciones y yuxtaposiciones de objetos, materiales de todo tipo y seres vivos. Su humor negro es despiadado. Sus películas no se adscriben fácilmente a ninguna tradición, género o categoría cinematográfica: etiquetar a Švankmajer como un animador sería menospreciarlo. Su uso artesanal de marionetas y trucajes fotográficos genera una estética que resulta desconcertante en una época en la que la animación camina por otros derroteros. Su trabajo, cercano a la vanguardia, induce un cierto trauma crítico y revela una brillantez técnica y una imaginación desbordante raras en el cine de hoy. ¿De dónde procede la singularidad de su obra?
Švankmajer nace en Praga, "la capital mágica de Europa" (Breton), en 1934. Formado en la Academia de Bellas Artes, se relacionó pronto con el Teatro de Máscaras y el Teatro Negro antes de descubrir el cine en el Teatro de la Linterna Mágica. Su primer corto, The Last Trick (1964), surge de sus experiencias en el teatro de marionetas. Desde entonces ha realizado 26 cortometrajes y cinco largometrajes (Alicia, Fausto, Conspiradores del placer, Little Otik, Sílení), aunque también se ha dedicado a otras tareas creativas a través de esculturas, cerámicas, grabados, marionetas, collages o poemas. En esa primera película, dos figuras de madera se lanzan objetos extraños y, finalmente, acaban por comerse la una a la otra con gran entusiasmo. Ya desde el principio, las obsesiones son evidentes: efigies, desmembramientos corporales, canibalismo y descomposición, elementos surrealistas y gusto por lo macabro.
Si el humor de Švankmajer es caustico y sangriento, también lo es el del movimiento surrealista checo del que procede su filiación. Artistas de los años treinta como Toyen, Styrský, Markovský o Kalandra influirán en su manera de entender y representar el mundo, a la que éste añadiría otras tradiciones y técnicas procedentes de la escuela de marionetas, la animación cinematográfica y, especialmente, el Manierismo Bohemio asociado a la corte del Emperador Rodolfo II (1576-1611), cuya excentricidad encontró en la obra de Giuseppe Arcilmboldo las raíces fantásticas de las que iban a surgir algunos de los universos visuales de Švankmajer. Sus retratos hechos a partir de frutas, animales, flores y libros, el gusto por la transformación de los objetos, son expresiones de una cultura de la saturación y el animismo que seducirá al cineasta.
Entre las influencias literarias encontramos a Poe, a Carroll o al Marqués de Sade. Del primero aprehende la esencia gótica en sus adaptaciones de Jabberwocky (1971), La caída de la Casa Usher (1980) y The Pendulum, the Pit and Hope (1983); del segundo, nos queda su personal versión de Alicia en el país de las maravillas (1987), que pasa por ser la más fiel y original al espíritu de Carroll de todas cuantas se ha realizado; y del tercero, la imaginación, la transgresión moral y la bendita locura que atraviesan Sílení (2005).
Švankmajer trabaja la materia (la madera, la plastilina, la piedra...) y las cualidades físicas de los objetos, su textura y su maleabilidad, seleccionando sus propiedades naturales para luego desarrollarlas de forma imaginativa. Una de sus piezas más celebradas, Dimensions of dialogue, expresa una vertiente más seria y pedagógica, la imaginería organizada en torno a un tema: la imposibilidad de la comunicación. Las imágenes de desmembramientos y canibalismo que encontramos en muchos de sus trabajos se convierten aquí en una metáfora del antagonismo, la lucha por el poder, la agresión y el odio. Dos bustos de plastilina hacen el amor para luego destrozarse mutuamente, comiéndose uno a otro y esparciendo sus restos hasta formar otra cabeza.
La totalidad de su trabajo es una negación de la palabra, un repliegue hacia el ordenado caos de los artefactos y los objetos. Las películas de Švankmajer contienen numerosos hallazgos formales. Su montaje es rítmico y rápido, y el sonido trabaja siempre para crear un determinado efecto con el corte entre planos. Hay una cierta frontalidad teatral en su trabajo, que evita las diagonales y los planos de punto de vista. Antes alquimista que cineasta, heredero de la tradición de Méliès, Švankmajer no ha renunciado nunca a la militancia surrealista bajo una impronta absolutamente personal, releyendo el manierismo y las formas de la cultura popular tradicional para hacer "magia de la subversión".
Gregorio Martín Gutiérrez (ed.). Festival Las Palmas / Ed. T&B. 260 páginas. 16 euros
También te puede interesar