'Tríplex' | Crítica de arte Tres conceptos de pintura

  • Luis Gordillo, Miki Leal y Rubén Guerrero dialogan en 'Tríplex', una muestra que acoge la sala dedicada al primero en el Espacio Santa Clara

Rubén Guerrero y Miki Leal ante un cuadro protagonizado por Gordillo y pintado por Leal. Rubén Guerrero y Miki Leal ante un cuadro protagonizado por Gordillo y pintado por Leal.

Rubén Guerrero y Miki Leal ante un cuadro protagonizado por Gordillo y pintado por Leal. / Juan Carlos Vázquez

Eran los años en que Manolo Quejido (Sevilla, 1946) andaba (decían sus amigos) formando el taco. El taco eran 200 cartulinas, de 100 x 72 cm, en las que Quejido pintaba con toda libertad. Hasta entonces, este singular autodidacta había hecho instalaciones con ecos de arte pop, combinado círculos y cuadrados en la computadora, y elaborado enigmáticos dibujos, Trideliriums. Cuando le preguntaban si era aquello arte, decía que arte era lo que había en el Museo del Prado y que él simplemente buscaba. Siguió haciéndolo en las cartulinas: retratos, paisajes, objetos, siempre unidos a una palabra crítica, irónica, cáustica. Las cartulinas no iban a salir del estudio. Eran su búsqueda y quizá su extravío, Por eso agradeció la opinión de Luis Gordillo (Sevilla, 1934) que supo ver su trabajo y reconocerlo.

En esos mismos años, Gordillo seguía la pintura de otros jóvenes, Alcolea, Pérez Villalta, Rafael Pérez Mínguez, y alguno aún más nuevo, Quico Rivas (una foto los recoge con Luis Gordillo en la muestra de Quejido en Sevilla, Galería M11).

Recuerdo todo esto porque la relación de Gordillo con autores jóvenes viene de lejos. Como ahora, con Miki Leal (Sevilla, 1974) y Rubén Guerrero (Utrera, Sevilla, 1976), la relación fue siempre de intercambio. Si Gordillo fue un maestro, no precisó de la tarima profesoral, bastaba su capacidad de reconocer el trabajo de los otros. Quizá con ellos aprendía, como Jean Joseph Jacotot, el maestro ignorante, glosado por Jacques Rancière.

'Tríplex 01', una obra de la exposición de Santa Clara. 'Tríplex 01', una obra de la exposición de Santa Clara.

'Tríplex 01', una obra de la exposición de Santa Clara. / Óscar Romero

Tríplex conecta tres mundos artísticos que comparten el mismo problema: qué se puede hacer con la pintura. Tres de las obras expuestas las componen paneles de cada uno de los autores, aunque, como se advierte en un vídeo (puede verse en la red) los tres opinan sobre el resultado final e intervienen en cualquiera de las piezas para mejorarlas. Hay diferencias entre esas obras. En Tríplex 01 un gran campo amarillo destaca el ánfora plana de Leal, las figuras, cercanas a cabezas, pintadas por Gordillo y las formas con que Guerrero parece crear volumen hacia fuera y no hacia dentro del cuadro: ¿son telas plegadas, ficticias, sobre la otra tela, la del lienzo, tersa y real?

En Tríplex 02 destaca el contraste entre los extremos del cuadro. A la izquierda, la potencia de la materia de Guerrero con dos trazos verticales (uno curvado al final) en oposición a la horizontal plana, arriba. A la derecha, los colores de Leal parecen horadar con su ritmo un fondo casi negro. Entre ambos un trabajo de Gordillo que recuerda a Sedimentación, estructuración, obra que recuperaba el espacio de un gran collage, una vez suprimidas las imágenes que lo componían.

La exposición se completa con cuadros y dibujos de cada autor. Con un retrato de cuerpo entero de Luis Gordillo recibe Leal al espectador. A la derecha de la figura, el intenso azul de una piscina. Las huellas de un Bigger Splash rinden homenaje a Hockney, aunque también despiertan la memoria de La piscina azul del propio Gordillo que guarda la Fundació Sunyol. Hay más alusiones: el rostro de Luis dividido entre luz y sombra, los colores planos del fondo. También de Leal, Le Corbusier. Viaje a Italia que relativiza de dos formas el paisaje: colocándolo sobre un fondo falsamente decorativo y cubriéndolo con un rotundo plano (formas blancas sobre fondo azul) que subraya que la pintura es ante todo superficie.

Uno de los dos cuadros de Guerrero también enfatiza la superficie del lienzo pero con tal intensidad de materia que el cuadro se siente como una escultura. La otra pieza, La medición, toca otros componentes de la pintura: de un lado, la regla en diagonal, leve trampantojo, se deshace en pincelada, de otro, la evaluación crítica de los bordes, los límites del cuadro, la definición del rectángulo de la pintura tradicional que alimentaba la ficción del cuadro-ventana.

'La medición', de Rubén Guerrero. 'La medición', de Rubén Guerrero.

'La medición', de Rubén Guerrero. / Juan Carlos Vázquez

De Gordillo, una gran pintura, Marilyn asciende, pero brillan especialmente sus dibujos. Los dibujos de Luis, desde los primeros, hechos en París, son sobre todo fuerza. Fuerza del trazo que se apodera del papel y parece plegarlo, fuerza del color que construye una profundidad que a veces crece hacia fuera, como un relieve, fuerza de una mano liberada de la vista. Los dibujos hacen pensar en Deleuze: no son las formas, decía, las que constituyen el cuadro sino las fuerzas, fuerzas que deforman la forma, añadía.

La exposición es una versión más reducida de la celebrada en Murcia, Espacio Párraga, en otoño de 2019. El catálogo, aunque se atiene más a aquella muestra que a esta, tiene el atractivo de recordar el que hizo Alberto Corazón para la exposición de Gordillo en la galería M11 en 1974. Si hay que poner algún pero a la muestra es el del recinto: difícil acceso y escasa altura para la contundencia de las obras. Este espacio dedicado por el Ayuntamiento a la Fundación Luis Gordillo no hace justicia al autor.

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