Crítica de Flamenco

Un turbión llamado Argentina

La cantaora Argentina presentó anoche en Sevilla su nuevo disco en el que, como suele acostumbrar, combina estilos clásicos del flamenco, como las alegrías o las seguiriyas, con palos menos populares hoy aunque lo fueron en el pasado. Así los cantes campesinos, la mariana o los romances. Tres cantes que nos ofreció la de Huelva con unos arreglos brillantes, con estribillos o teclados, acercándolos al ámbito de la canción ligera. El efecto se vio subrayado por las dificultades que tuvimos para entender las letras clásicas, dadas las condiciones acústicas del lugar elegido para la presentación, el patio de la Fundación Cajasol. Más interesantes me resultaron los estilos que hizo con el único acompañamiento de guitarra, para lo cual prescindió de la megafonía: las cantiñas gaditanas, luminosas, frescas, uno de los estilos bandera de la cantaora. Y el enjundioso taranto, con un excelente acompañamiento a cargo de Jesús Guerrero. Magnífica fue también la seguiriya, que gozó, asimismo, de un flamante arreglo mediante el cual el cante se ofreció en su mayor parte a capela, causando gran efecto entre el público.

La guajira fue otro de los grandes momentos de la noche, con letras y músicas rescatadas de cantaores de principios de siglo no tan populares hoy como el Niño Medina o La Rubia. Argentina es un turbión, una cantaora pletórica, con mucha fuerza, mucho poder vocal y escénico. Y su nueva entrega sigue las características de sus propuestas anteriores: frescura, lirismo, entrega, mucho ritmo y conocimiento de los estilos. Eso sí, hubiésemos disfrutado más de la propuesta en un escenario con mejores condiciones acústicas.

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