Concierto de Manolo García en Sevilla

Del último al primero

  • El barcelonés empezó con su disco 'Geometría del rayo' y finalizó con un éxito de los ochenta

Puntual, variado y entregado. Así se podría definir al Manolo García que Sevilla vio anoche. La puntualidad fue necesaria porque, como avanzó en la víspera, "la noche va a ser larga". Tres horas y tres minutos de show que comenzaron y finalizaron con el público coreando: "Manolo, Manolo". La variedad que presentó el barcelonés no pudo ser más amplia. De Geometría del rayo (2018), su último disco, a Insurrección (1986) de El Último de la Fila, con la que cerró ya pasada la medianoche el concierto. Al mismo tiempo, intercaló canciones movidas con otras más pausadas, como En tu voz, que la interpretó sentado en una butaca. En las tres horas de actuación hubo tiempo para saltar y también para acercarse a la barra a tomar un respiro.

Manolo García se tomó varios descansos a lo largo de la velada. El sudor, noche calurosa en la Cartuja, y el vestuario, muy florido en cuanto a camisas, así lo requirieron. Una de ellas, de color rosa, le sirvió como motivo para dedicar unas aplaudidas palabras de apoyo a la lucha contra el cáncer de mama. Fueron el preludio de otra reivindicación por la mujer: "no es no", repitió varias veces mientras pedía "educar desde el respeto hacia las mujeres" a los niños para que "ningún ser humano abuse de otro".

Estas consignas se unieron a la defensa de los ganaderos y agricultores andaluces y a la crítica a los grandes comerciantes. A ellos les dedicó una contundente afirmación: "la vida es poesía". Y al público, que prácticamente llenó el Auditorio Rocío Jurado, le dio constantemente las gracias "por seguir ahí después de tantos años". García, que suma casi cuatro décadas de trayectoria, afirmó que cada concierto es "una fiesta con amigos". Esa frase la hizo realidad cuando eliminó la barrera arquitectónica y bajó del escenario. Le cantó de cerca a la primera fila y sorprendió a todos al lanzarse desde la barra del puesto de bebidas. Los guardaespaldas se afanaban por abrirle paso entre un luminoso mar de teléfonos móviles.

Antes de ese anecdótico momento, el concierto alcanzó su culmen con un sentido homenaje al grupo sevillano Triana. Manolo García y la guitarra española de Víctor Iniesta recrearon Recuerdos de una noche y Todo es de color. El público, en pie, agradeció el guiño con una sonora ovación antes de que se reincorporara el resto de la banda compuesta por un batería, un pianista, una corista, una violinista y dos guitarristas más. Ellos, junto a una danzante operadora de cámara, formaron el elenco que "hizo compañía", como indicó el catalán, a los más de siete mil espectadores que en la noche de ayer se acercaron hasta el recinto del Camino de los Descubrimientos.

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