Una víctima de la vida poética
Blackie Books recupera 'El incongruente', la novela "más innovadora" de Ramón Gómez de la Serna, acompañada de un breve panegírico de Julio Cortázar
¿Cómo es una vida en la que la poesía irrumpe en las cosas antes que en los versos? Divertida, extraña, ingobernable. Así la imaginó Ramón Gómez de la Serna para la criatura que protagoniza El Incongruente, considerada por su autor como "la más innovadora" de cuantas escribió y rescatada ahora por Blackie Books en una edición que incluye un breve panegírico de Julio Cortázar.
En ese texto, el escritor argentino sitúa la obra del madrileño "en lo más alto" de las letras hispanas, a pesar de la "demolición de la seriedad al uso" que hizo del creador de las greguerías una figura peliaguda para el establishment literario, y lo reconoce como uno de sus maestros, junto con Filisberto Hernández o José Lezama Lima.
Otras son las referencias de Jan Martí, el editor de Blackie Books, un sello que comparte con Ramón, como al escritor le gustaba ser llamado, su gusto por la heterodoxia. "Encontré el libro por casualidad en una librería de viejo de Barcelona. Al leerlo me acordé al instante de una película: Life Aquatic, de Wes Anderson. Devoré el libro. Cuánta magia en tan poco tiempo", recuerda Martí, que aprecia en Gómez de la Serna a uno de los precursores de Muchachada Nuí. La fascinación del editor lo llevó a buscar a Gladys Dalmau de Ghioldi, nuera y albacea literaria del escritor. "No fue fácil dar con ella, pero internet nos ayudó. A partir de ahí todo fue fácil, estuvo encantada con nuestro proyecto", explica.
El incongruente son pinceladas de una vida inconcebible, la de Gustavo, un muchacho que "había desmentido de tal modo todas las cosas, y suponía de tal modo que las unas podían ser igual que las otras, que se le había descompuesto el destino, y en relación con él, todo desvariaba", se lee en esta novela sui generis. Un muchacho en manos de la incongruencia, que es "la mueca con la que se debe mirar la vida", añade -quizás hablando consigo mismo- una de las personalidades más electrizantes de aquel Madrid aldeano y cosmopolita del primer tercio del siglo XX, una mente que supo suavizar con humor ese violento desquiciamiento de las formas que fueron las vanguardias.
Preñado de lirismo y de una leve y jovial sensualidad, el libro es una sucesión de postales del disparate y crónicas urbanas psicodélicas antes de la psicodelia en las que el ingenio está por encima de la trama, que es una mera excusa del autor para desatar sus risueños relámpagos de inteligencia. En este sentido, se trata de un ejercicio de creación pura, sin un porqué. Las imágenes asaltan al lector desprevenido en cualquier momento: "En el fondo de los espejos caen heladas terribles", de las cajas de música brotan "raspaduras del tiempo".
Y así, al muchacho víctima de la poesía le ocurren cosas continuamente, casi después de cada parpadeo, y se enamora de una baronesa, visita una playa de pisapapeles, se va de cacería, frecuenta fiestas de ringorrango, confunde cuadros con espejos y flirtea con hermosas muñecas de cera parlantes, y todo lo vive con el "optimismo de otras vidas", aunque finalmente con un regusto de tristeza.
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