Análisis

francisco andrés gallardo

¿Borgen?

En la misma semana se nos han ido Carlitos de Cuéntame, la bocazas Roseanne de Roseanne y Rick Grimes de The walking dead junto al adiós cortemanguista de Zidane, que ha sido épico. Que Rajoy se marchara entre lágrimas y whiskazos ha sido una baja más imprevista, retransmitida al segundo por nuestras cadenas. Ahí llevaba ventaja La Sexta, el canal de los disgustos y las emociones políticas. Ferreras, Masperiodismo, se ha ganado a pulso el reconocimiento tras haber dado la plataforma a los difuminados partidos del cabreo. La fórmula del éxito son horas y horas cuando la actualidad lo requiere, vibración, jaleo, micrófonos enchufados a la barba, banda sonora dramática (ojo con la banda sonora, cómo levanta estas películas) y contertulios metalúrgicos. En días como éstos el público por mayoría relativa se entrega al número 6, donde se traslada a las imágenes el espíritu de la Ser de Ferreras en aquellos años tardoaznaristas, época de las comisiones y sobresueldos que nos han llevado a este momento de Rubik que estamos viviendo.

Frente a La Sexta, la modorra de TVE. Por mucho brío que le quiera poner el matinal Sergio Martín. La noche en 24 Horas del pasado jueves, donde predominó el pataleo de una tertulia casposa, es ejemplo una cadena de todos que se empeña en ser distante, que vence en los informativos por la mínima por la simple inercia de los hábitos.

El programa que se ha revalorizado de manera imprevista es el cancelado Las mañanas de Cuatro, amortizado por Mediaset en un acercamiento al gobierno de Soraya. A Javier Ruiz le salía la sonrisa de oreja a oreja. Rajoy ha caído antes que su programa, llamado a cerrar cuando vuelva rodar el balón.

El vuelco de Pedro Sánchez, tras su camino por la jungla y toda la historia de tumultos que viva a partir de ahora, da para una serie que deberíamos ver algún día. Sólo por los hechos, además de por lo que nos olemos por las trastiendas, nos sale como mínimo un House of cards (la británica). Qué va, ni de lejos nos saldría un Borgen.

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