Análisis

José Ruiz Navarro

Director del Observatorio GEM de Andalucía y Catedrático Emérito de la Universidad de Cádiz

Creación de empresas en Andalucía: oportunidad, necesidad y palancas de cambio

La comunidad acoge a casi la cuarta parte del total de los emprendedores de España y se coloca líder en este indicador por primera vez, según el 'Informe GEM Andalucía'

El Cubo de Telefónica, en la Isla de La Cartuja de Sevilla El Cubo de Telefónica, en la Isla de La Cartuja de Sevilla

El Cubo de Telefónica, en la Isla de La Cartuja de Sevilla / Juan Carlos Vázquez

Andalucía, con 470.000 personas emprendiendo, fue, según el reciente Informe GEM Andalucía 2018/19, la comunidad líder con casi la cuarta parte del total de los emprendedores de España. Es la primera vez que sucede desde que hace quince años el observatorio Global Entrepreneurship Monitor (GEM) comenzó a medir el fenómeno en la región.

Casi un 20% de la población andaluza, de entre 18 y 64 años, o bien tenía la intención firme de crear una empresa a tres años vista (un 5%) o la estaba creando y llevaba menos de 42 meses en el intento (8,8%) o, pasado ese periodo, la había consolidado (5,7%). La evolución de estas cifras muestran una caída de las intenciones, un aumento de la actividad emprendedora que sitúa a Andalucía en la primera posición nacional con el porcentaje más alto de toda su serie histórica, y una ligera mejoría en la fase de consolidación que no logra sacar a la región de los lugares de cola y la sitúa por debajo de los niveles medios de España, Europa o de países como Alemania o EEUU, lo que muestra la fragilidad de muchas de las iniciativas.

El perfil de la persona emprendedora es principalmente la de un hombre en el 51% de los casos. Se estrecha significativamente la brecha de género, en 2005 solo el 31% eran mujeres, 15 años después sube a un ritmo superior al de España que pasa del 39% al 47%. La edad media del colectivo emprendedor era de unos 36 años; un 49% tenían estudios universitarios, casi el doble de los primeros años, pero hay una diferencia de casi 4 puntos menos con la media de España. Un dato preocupante es que sólo el 44% de los emprendedores ha recibido formación específica para crear una empresa, unos 9 puntos menos que la media nacional en cuyo colectivo universitario solo el 38% había recibido formación específica, una cifra similar a la de Europa pero la mitad que la de China. Si nos fijamos en el nivel de renta más del 52% de las personas emprendedoras andaluzas proceden de niveles de rentas altas.

La mayoría de las iniciativas están orientadas al consumo (51%). Un 24% piensan exportar más de la cuarta parte de sus ventas. Algunas debilidades relativas con respecto a España son: el escaso uso de tecnologías de vanguardias y novedosas, el 78% usan tecnologías maduras; menor innovación, sólo el 11% se consideran innovadoras; falta capacidad competitiva, el 68% no se ve capaz de aislarse de la competencia; capitalización inferior, 44.000 euros de media, casi la mitad de la media nacional.

Todo estos rasgos conducen a una escasa capacidad para crecer y crear empleo que aunque ligeramente por debajo de la media española está muy lejos de los estándares europeos.

Manteniendo el foco en la población, los aspectos relacionados con el reconocimiento de oportunidades y con la situación profesional y personal, explican los comportamientos de las personas que emprenden. En Andalucía ha descendido el emprendimiento por oportunidad, el que tiene más potencial económico, en 18 puntos con respecto a 2003 y se mantiene por debajo de España que desciende menos. Sube el motivado por necesidad en la misma proporción y alcanza al 30% de las iniciativas.

Este fenómeno no es ajeno al aumento del desempleo, la aparición de falsos autónomos y el deterioro de las condiciones laborales y, en parte, explica la alta fragilidad de muchos proyectos y su no consolidación.

Los condicionantes del fenómeno emprendedor forman parte de un ecosistema cuyas restricciones más relevantes son: la educación Primaria y Secundaria, especialmente en contenidos relacionados con la cultura emprendedora; las barreras que origina el marco regulatorio excesivamente burocratizado; y la escasez de financiación. En comparación con España, salen relativamente peor valoradas nuestras normas sociales y culturales y la capacidad de transferencia de conocimientos.

El informe GEM, disponible en la web de la RED GEM España, ofrece materia para la reflexión y una serie de recomendaciones. La primera es que el objetivo de una economía saneada no es que nazcan más empresas, es crear más empresas de alto potencial, con capacidad de consolidarse, crecer y ofrecer valor para todos sus stakeholders. Esto necesita acciones que se articulen en forma de palancas que sostengan y activen el ecosistema emprendedor. A modo de resumen, se proponen cinco palancas. Las que se dirigen al proceso de creación, consolidación y escalado.

Estas acciones están relacionadas con la diversidad de los equipos promotores de los proyectos y con sus capacidades empresariales, organizativas y técnicas. Un semillero importante de estas capacidades y oportunidades son las universidades, centros de investigación, escuelas de negocios, formación profesional y sistema educativo en general, que constituyen una segunda palanca. Un tercer grupo afecta a la función de las grandes empresas. Las políticas de intraemprendimiento, innovación abierta y la libertad de acceso a los mercados con las empresas nacientes son acciones estratégicas en este grupo. La financiación y su ajuste al ciclo de las empresas, especialmente en las fases embrionarias y nacientes, constituye una cuarta palanca en la que la identificación de indicadores tempranos de éxito es crítica para asignar recursos. Por último las políticas públicas tienen como misión preferente vigilar y corregir los déficits detectados, visibilizando un marco estratégico compartido por los distintos intereses de los stakeholders del ecosistema.

Estas tareas, deberían tener como misión crear un ecosistema emprendedor más eficiente y dinámico, que concilie sus aspectos económicos y sociales. Este reto necesita una sociedad más emprendedora, justa y cohesionada que haga frente a las desigualdades, amenazas y oportunidades de un mundo más incierto y más sostenible. Una sociedad emprendedora que integre el talento, la diversidad e iniciativas para construir juntos, para co-crear un futuro más esperanzador mediante un nuevo contrato social. Sin el marco de esta sociedad emprendedora será muy difícil que se creen las empresas que Andalucía necesita.

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