Análisis

Jesús Alba

Lección a los coleccionistas de premios

Rusia, cura de humildad a la mentira de los trofeos individuales en un deporte colectivo

Como lección a todos los premios individuales inventados por puro aburrimiento y para justificar las sacas de dinero con las que la mercadotecnia del fútbol permite enriquecerse a unos pocos, este Mundial ha sido el perfecto para emborronar con un espray los brillos que acumulan las vitrinas de los que todos tenemos en mente, Leo Messi y Cristiano Ronaldo.

El Balón de Oro, The Best, el MVP de cada partido... El fútbol, concebido como deporte colectivo en el que pueden sumar las individualidades a veces demuestra que es mucho más que un anuncio y manda a los que van de líderes directamente a la fosa común en la que al final, al caer eliminados, yacen todos los mortales.

Los ojos desorbitados de júbilo en cualquier grupo, el uruguayo por ejemplo, han acabado merendándose los diez Balones de Oro que suman entre el argentino y el portugués. Hasta ahora no ha nacido el jugador que pueda ganar un Mundial él solo. Ni siquiera Maradona. Mucho menos en los tiempos actuales, en los que el físico no es coto privado de esos privilegiados que encima tenían el duende en sus botas. El fútbol es grande porque entran muchos factores y el saber conjuntar un grupo, con estrellas o sin ellas, puede llegar a regalar más papeletas de éxito que tener al mejor del mundo.

En España también pasa. No se crean, como Camacho y Kiko, que seguimos siendo los mejores como hace ocho años. Porque han pasado ocho, o seis, no cuatro, de aquella alineación de astros. Y como en casi todas las selecciones, nuestros líderes saborearon la impotencia de no poder brillar a costa del trabajo del colectivo. Porque España ha tenido líderes silenciosos y los ha tenido también de esos a los que les va la marcha, que se creen con poder hasta para imponer seleccionadores y que cuentan con un aparato mediático que los hace intocables, perennes... Rusia fue una lección para los dioses de Tebas, Messi y Cristiano, pero también para los nuestros.

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