Análisis

pilar larrondo

Morir, pero por gusto

Son las ocho de la mañana, suena el despertador y en Londres hace frío, mucho frío. Jennifer Lawrence saca un pie de la cama y lo nota. Quiere volver a acurrucarse en sus sábanas. Pero está de promoción y en unas horas tiene que posar estupenda y hablar de su nueva película. Se para frente al espejo, observa aquel pijama de borreguito y, por un momento, duda en ponérselo. "No, Jenny, que estás de promo y tienes que ir mona", murmura entre tiritones. Entonces lo ve. Un espectacular Versace de color negro capta su atención. Su generoso escote y la prominente apertura en la falda -a la que los Estopa dedicarían algo más que una canción- terminan por convencerla. "Moriré de frío, pero moriré guapa". Elegido el atuendo, sólo le queda pasar por chapa y pintura. Horas después, Jennifer posa estupenda junto a sus compañeros de reparto. Con una particularidad, ella roza la hipotermia, ellos sobreviven felices con sus abrigos.

La imagen ha generado todo tipo de críticas. Lawrence, única fémina en la foto, es a su vez la única que pasa frío, la única que luce carne, la única cuyo aspecto no parece el de alguien que se acaba de levantar y la única de la que se habla. Como cualquiera de nosotras, ella quiso ponerse guapa. Tuvo frío, al igual que nosotras, pero prefirió ir espectacular. También le dio pereza sacar el estuche de maquillaje y alisarse el pelo. Tampoco quiso usar eyeliner, le hace los ojos pequeños y luego no se reconoce en las fotos. Pero renunció a ella misma y sus preferencias. Se sabía foco de atención, principal reclamo, y quiso darle al mundo lo que éste espera de ella. Actúa, sí, pero también sé una diva, ve monísima y muéstrate perfecta las 24 horas del día. Ahora las críticas por posar semidesnuda en pleno invierno junto a unos compañeros abrigados hasta los ojos son para ella, no para este mundo enfermo. Pero, ¿quién no ha sido Jennifer Lawrence alguna vez? ¿Quién no ha pasado frío, le han dolido los pies o ha tenido que levantarse mucho más temprano que sus amigos varones para ir al mismo sitio por tener que dedicarle más tiempo a su aspecto físico? Eso se acabó. Ha llegado el momento de hacer lo que nos dé la gana, de morir de frío porque es lo que nos apetece, de pasar horas maquillándonos porque nos sale del alma, no porque el mundo lo espere de nosotras. Y, por supuesto, de ir en batamanta a la calle si nos lo pide el cuerpo.

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