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Análisis

Juan Ruesga Navarro

En el Parque de María Luisa

El lugar pierde vigor, lozanía. Se agosta, se amustia. La situación es insostenible

Querido Arcadio: Espero que te encuentres bien con tu familia, en esa bella ciudad y en tu nuevo trabajo. Os echamos de menos en nuestros paseos por Sevilla y queremos compartir con vosotros, de vez en cuando, nuestras sensaciones al recorrer la ciudad. La otra mañana fuimos a dar un paseo largo por el Parque de María Luisa, entrando por la avenida de Isabel la Católica y la Plaza de España. Las sensaciones no fueron buenas, ya te lo digo, tanto que al llegar a la Glorieta de los Lotos nos dimos la vuelta. Para empezar, los tenderetes dentro del recinto del parque, tras la primera verja, frente a la Plaza de España, no presagiaban una buena mañana. Pero el monumento a Bécquer estaba bello, recién restaurado. Con libros en el nuevo anaquel. Las esculturas femeninas de mármol de Lorenzo Coullaut Valera tenían en su regazo un ramo de flores. ¿Obsequio de un admirador? En uno de los bancos un señor hacía pequeños bocetos a la acuarela. Pero llegó una familia y ni cortos ni perezosos pisaron el pequeño arriate y se pusieron en grupo junto a las figuras, mientras uno de ellos hizo una foto de recuerdo. Falta respeto y falta vigilancia.

Seguimos el paseo, entre los árboles de porte del Duque de Montpensier y las pérgolas que dispuso Jean Claude Forestier. Dos escalas de plantación, el bosque y el jardín, que se resume en un parque único, por su historia y por su belleza. La ensoñación. Pero miramos al suelo y la realidad nos espabiló. Residuos orgánicos de animales y personas, por distintos lugares. Decenas, centenares de hojas secas en los caminos y parterres. ¿La caída de las hojas no es en otoño? ¿Cómo está el parque lleno de ellas en julio? Espero no saber de jardinería porque si están ahí desde hace seis meses, empiezo a deprimirme. Hojas, flores y arbustos, casi matorrales, cubiertos de polvo. Caminos de albero sin barrer ni regar. El agua de los estanques es un líquido verdoso que no deja ver el fondo. Las carpas apenas se ven. No digo que no las haya, digo que no se pueden ver. A lo largo del paseo notamos que lo relatado no eran hechos aislados, sino que se repetía. Eso sí, con muchas personas en el parque paseando, corriendo y en bici. Ojo con los baches en el albero. Falta atención y cuidado diario en el parque.

El paseo nos decepcionó. La decepción pasó a ser indignación y acabó en preocupación. Fuerte preocupación. Ojalá fuera un mal día, pero temo que no. El Parque de María Luisa, uno de los lugares emblemáticos de Sevilla, languidece. Pierde vigor, lozanía. Se agosta, se amustia. Creo que la situación es insostenible. Y se necesita reaccionar y pronto. Los responsables deben estar muy preocupados y a la busca de recursos y soluciones. Seguro. Es vital que actúen cuanto antes. De verdad.

Querido Arcadio, quería contarte cosas bellas de Sevilla y esta vez no ha podido ser. Espero que en vuestro próximo viaje a Sevilla me taches de exagerado y encuentres el Parque de María Luisa tan precioso como lo recuerdas. Y puedas decir que la preocupación con que hoy escribo era exagerada. De verdad lo deseo. Pero no sé si será la realidad.

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