Análisis

juan antonio solís

Si no fuera por el Sevilla...

El reto de la Champions por Nervión es lo único que salva esta tóxica Liga posconfinamiento

S I no fuera porque un equipo sevillano está peleando por entrar en la Liga de Campeones y eso tampoco es que ocurra cada temporada, dan ganas de apagar la tele. O zambullirse en alguna serie negra de tantas que ofrecen las plataformas de streaming. Porque para blanca, de una blancura turbia, esta Liga que tanto ruido está haciendo en los soportes mediáticos.

Y por ese ruido, por tantos minutos y espacios de difusión sin pagar un euro de más, precisamente, no se va a quejar Javier Tebas. Tampoco por el ya casi seguro desenlace del campeonato, pero como decía el tabernero de Irma la dulce, "eso es otra historia".

Sí, el VAR está oficiando mucho más de altavoz que de juez. O de justo juez. Porque no me digan si no frisan la prevaricación los colegiados en decisiones controvertidas cada jornada. La semana pasada apuntaba en este mismo rincón que pareciera que los trencillas lo hacen adrede. Que cometen groserísimos errores a sabiendas para que la Liga acabe desmontando el VOR y el árbitro recupere su estatus de siempre, sin molestas correcciones y asumiendo sus errores, humanos y mediatizados, como ha sucedido en el fútbol de siempre.

Y siete días después, las acciones de Rafinha ante Guardado en Vigo o el desigual criterio en los pisotones a Marcelo y Raúl García, seguidos uno de otro además, vienen a arrojar más gasolina al fuego. Y el altavoz, mientras, subiendo de decibelios.

Ya es difícil de digerir este fútbol de piernas de plomo y juego al pie, sin desmarques, cambios de ritmo, arrancadas; este fútbol de gradas silentes o ridículos sonidos enlatados, como las risas de El Show de Benny Hill; este fútbol de pausas a la media hora y cambios y más cambios. Si encima le añaden el veneno de este VAR injusto y escandaloso, el producto es pernicioso para la salud.

Con el Betis salvado virtualmente, sólo nos queda el Sevilla y su sueño de Champions. Hoy juega.

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