Almeyda lo vio mejor desde el autobús

02 de marzo 2026 - 03:09

Segundo partido del doloroso rosario de siete que debe cumplir Matías Almeyda lejos del banquillo y de nuevo corrige con acierto con los pulsos atemperados en el descanso. En Getafe acertó abriendo el campo, con el ingreso de Januzaj y Ejuke, ante un rival con diez jugadores por la tarjeta roja a Djené. Y en el derbi, con el mérito añadido de seguir el partido desde el autobús porque no pudo irse a un palco de Fondo, también dio con la tecla apostando por Ejuke y sobre todo Oso, que para la defensa bética pareció más un fiero grizzly que un therian plantígrado.

A ver si el Pelado le va a coger gusto a ver los partidos desde la distancia, como a mí me ocurre ya cuando tengo que leer los prospectos de los medicamentos.

Su Sevilla, ojo, fue esta vez mejor que el Betis no por esas cualidades ajenas al mero juego que ya se han convertido en un manido lugar común: el coraje, la casta, el amor propio. No lo comparto. El equipo de rojo puso más fútbol esta vez, jugó a la pelota como muy pocas veces ha hecho esta temporada porque su calidad es la que es. Y eso fue el gran pecado de un Betis que empezó gozando y acabó rezando –“líbranos del mal...”– porque reincidió en un grosero defecto con Pellegrini esta campaña: se parte en dos con una facilidad pasmosa y le abre latifundios al enemigo en el centro del campo. Le ocurrió en otro partido señalaíto en casa con toda su fiel y numerosísima gente volcada, los cuartos de final de la Copa a partido único ante el Atlético. Insisto en que al Betis de Pellegrini le falta hacerse consistente cuando el partido lo tiene de cara y saber manejar los aspectos colaterales al mero juego, como muy bien hacía un equipo, el de Lorenzo Serra, que encima jugaba maravillosamente al fútbol.

El Sevilla tiene todo el derecho a celebrar el empate como si fuera algo más, porque realmente lo ha sido: iguala un 2-0, deja el descenso a seis puntos ya, mantiene la racha sin perder, agua una mayúscula fiesta al vecino y todo sin que decida la fortuna, el árbitro o las cuestiones viscerales: jugó mejor.

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