La ventana
Luis Carlos Peris
Lo bueno si largo...
En Sevilla siempre se ha valorado y vivido de forma intensa la víspera de toda celebración o acontecimiento, por supuesto también de la Semana Santa. Pero actualmente ya estamos llegando a una situación en la que la víspera no es el tiempo inmediato a la celebración. No percibimos el tiempo de víspera en horas o en días, ni siquiera en semanas o meses. La Cuaresma podía ser la víspera de la Semana Santa, pero ahora todo empieza antes, mucho antes. No es sólo la espalda del rey Baltasar lo que marca esa extensa antesala de Cuaresma y Semana Santa.
Parece que desde que nace el Niño en diciembre ya hay capillitas (qué palabra tan preciosa, pero que se va perdiendo) pensando en la Pasión, en un sentimiento similar al que inspiraron las imágenes barrocas del Niño Jesús Pasionista, niño aún pero cargado con todos los símbolos e instrumentos de la Pasión. Esto valdría para los cofrades que ya en Navidad piensan en Semana Santa, pero existen jartibles (otra bonita palabra) que en la playa, o como muy tarde cuando vuelven de ella para los cultos de septiembre, anticipan esa Semana Santa para la que “ya no nos queda tiempo de preparar nada”.
Esa es la palabra clave: “anticipar”. De forma vertiginosa pasamos por la vida cofrade “corriendo los días” pensando en lo que viene, e incluso percibiendo que “esto se acaba” cuando ni siquiera está cerca ni estamos en la verdadera víspera de la Semana Santa que es la Cuaresma, y menos aún nos encontramos en su víspera más inmediata en el calendario cuando éste marca la Semana de Pasión. No anticipemos tanto, que así ahora sufrimos por lo que no llega y estaremos ahítos cuando lo alcancemos, en lugar de gozar la realidad.
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