Análisis

Carmen pérez

Sin aprender de la crisis

Al cumplirse diez años de la caída de Lehman Brothers, la prensa económica y muchos think tanks se han volcado con el acontecimiento y han abierto secciones especiales para analizar con el reposo que da el tiempo las causas que llevaron a la mayor crisis financiera de la historia y sus consecuencias. En el debate también se examina si al menos ha servido para algo. The Economist, que le dedica el número actual, no es muy optimista al respecto: "El mundo no ha aprendido las lecciones de la crisis financiera". Su portada -siempre genial- no puede ser más expresiva: bancos con tiritas aplicadas en sus heridas, dando a entender que ahora son más seguros, pero que lo que sucedió en 2008 puede volver a ocurrir nuevamente.

En la misma línea se pronuncian muchos de los comentaristas del Financial Times. Martin Wolf se pregunta: "¿Por qué ha cambiado todo tan poco desde el colapso financiero?". El artículo es muy largo pero es posible resumirlo en una sola frase: porque no se ha querido caminar hacia un futuro diferente sino simplemente volver al pasado. O la demoledora opinión de Gillian Tett, que concreta con datos: fue una crisis de deuda: ahora hay más; se puso de manifiesto el peligro de los bancos demasiado grandes para caer: hoy en día son aún más grandes; y la banca en la sombra, que se detectó como problema, ha doblado su tamaño.

Y es que las soluciones que se han aplicado han sido necesarias pero de ningún modo han sido suficientes. Se le entregó el poder a los bancos centrales para que fueran ellos los que resolvieran la papeleta. Pero la política monetaria encuentra serias dificultades para reactivar en solitario la economía cuando se deprime tanto. Se puede suministrar liquidez a chorros y bajar los tipos de interés hasta el subsuelo, que la capacidad para que esa munición haga efecto en la economía real es lenta y limitada. Además provoca burbujas financieras y perjudica el saneamiento empresarial adecuado.

Con todo, finalmente consiguieron evitar la deflación y que las economías volvieran al crecimiento. Ahora lidian con la difícil retirada de los estímulos monetarios. Ayer, el Banco Central Europeo mantuvo sin cambios el camino fijado en junio hacia la normalización monetaria, pese a que se ha revisado el PIB ligeramente a la baja y de los nuevos riesgos globales. El Banco de Inglaterra también mantuvo los tipos de interés y el de Turquía los elevó un 6,5%.

Los bancos centrales hacen su tarea. Es a los políticos a los que les queda la asignatura principal pendiente: transformar la economía actual y mejorar sus fundamentos.

En estos días de aniversario de la caída de Lehman Brothers son muchas las ideas que se lanzan: eliminar la deducción fiscal por intereses, reducir el altísimo apalancamiento bancario, luchar contra los monopolios que impiden la sana competencia, revisar el por qué de los desmesurados salarios de los directivos, mejorar la supervisión financiera internacional, limitar las actividades de "suma cero", permitir cuentas a particulares y empresas en los bancos centrales, y así otras muchas propuestas interesantes. Es tiempo de enderezar el viciado capitalismo en el que nos encontramos.

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