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Nueva mañana tormentosa por la reproducción de unas grabaciones en las que la ministra de Justicia llamaba maricón al ministro del Interior, el juez Grande-Marlaska, que no da importancia a lo leído y escuchado. Una elegancia que contrasta con el tono soez , machista -por desprecio a la profesionalidad de las mujeres jueces- y evidentemente homófobo de la ministra.

Dolores Delgado ya había sido pillada en falta, en mentira, cuando días atrás negó relación con el polémico comisario Villarejo, para decir después que sí había tenido alguna relación profesional. También este martes amargo para ella ha mentido. Negó primero que se refiriera a Marlaska cuando llamó a alguien maricón durante la reunión con Villarejo, para reconocer horas después que efectivamente se refería a su compañero de gobierno.

La ministra pretende mantenerse en el cargo contra viento y marea, pero no tiene muchas razones para sentirse segura: Pablo Iglesias ha declarado que "los que se reúnen con las cloacas de Interior tienen que abandonar la vida política". Pablo Iglesias, el hombre del que depende que Pedro Sánchez pueda continuar siendo presidente.

Por otra parte el desprestigio que supone para el Gobierno tener en el equipo a una ministra que ha mentido y que se expresa en términos de confidencialidad con un jefe policial más que conocido entre jueces y fiscales por moverse desde hace años en las aguas más turbias, probablemente lleve a que Sánchez tome medidas drásticas que no barajaba en el primer momento. Se le enturbia además al presidente su operación catalana. Por pretender solucionar causas judiciales a través de decisiones políticas, lo que es inaceptable, y porque cualquier decisión que tome estará contaminada por una ministra de Justicia que, por muy buen curriculum que tenga como fiscal, ha perdido toda credibilidad. Por mentir, porque ha compartido asuntos profesionales con personas que presumían de su influencia ante determinados miembros de la judicatura y de la fiscalía, y porque toda España ha escuchado comentarios suyos inaceptables. Aunque se hayan producido en el terreno coloquial.

No puede continuar en el Gobierno.

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