Análisis

francisco andrés gallardo

Los gallos

Lazos de sangre, los jueves en La 1, es el Hormigas blancas de Telecinco pasado por un tamiz menos morboso y molesto. En cuestión de cronistas del corazón coinciden los mismos testimonios de aquel espacio retrospectivo de la cadena privada con estas nuevas entregas para la cadena pública. No estamos ante un formato idóneo para TVE, aunque a estas alturas se nos antoje incluso digno. En Prado del Rey, esté quién esté en sus sillones, no debería haber más programas del corazón bajo ninguna cáscara ni disfraz, incluso en este caso con un pretendido cariz documental. La duquesa de Alba y su familia, temática del espacio de estreno, pueden enfocarse desde otros prismas y con otro empaque periodístico. Es interesante que Cayetano Martínez de Irujo desgrane sus abundantes traumas y que el actual duque de Alba explique las dificultades de mantener un patrimonio que obliga a tanta responsabilidad. Pero no con este tratamiento entre el masaje y el chafarderismo que devalúa las figuras y los hechos.

Se contaron detalles sorprendentes y aspectos curiosos, pero para validar su soporte deberíamos estar hablando de un aceptable programa de una cadena privada y no de un dudoso empeño (externalizado, además) de una cadena pública. Otro asunto es que nos hemos acostumbrado a una TVE con un listón muy bajo.

Para rebajarlo aún más, y para que no hubiera ninguna duda del carácter corazonero de estos Lazos de sangre, se montó una merienda dialéctica de esas que al mediodía monta Inés Ballester en Comadres y encontradas, un Amigas y conocidas que no está a la altura de algunas de sus contertulias. Una charleta como perfecta excusa para llenar toda la noche con el ducal publirreportaje, repitiéndose fragmentos de algo que habíamos visto sólo unos minutos antes.

Por muy sectaria que sea la TVE que nos llegue con Podemos, menuda cadena hueca nos deja Sánchez, el de los papeles de Bárcenas.

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