Análisis

CÁRMEN PÉREZ

La hidra financiera

Cuenta la mitología que la Hidra de Lerna era una enorme bestia con nueve cabezas serpentinas, que sólo con su fétido aliento podía destruir la vida. No le fue nada fácil a Heracles matarla porque tan pronto se le aplastaba una de las cabezas le surgían otras. Del mismo modo, con la regulación financiera se intenta mantener bajo control al monstruo financiero que creció durante las décadas anteriores a la crisis y que sigue creciendo, pero para cada solución surgen nuevos problemas. La actividad financiera tiene poderosas y visibles cabezas -los bancos- y otras muchas incluso más peligrosas porque trabajan en la sombra. También a la Hidra de Lerna algunos le atribuían cien, mil, hasta diez mil cabezas.

Con el mecanismo de resolución para los bancos parecía que se había ganado una batalla a la inestabilidad financiera. Sin embargo, ahora se considera que la simple existencia de esta normativa puede más bien aumentarla, porque puede precipitar pánicos bancarios. Así, en estos días, se debate en la mesa del Parlamento europeo incluir una controvertida medida: poder establecer un corralito temporal para los bancos en resolución si es necesario.

Y también parecía que se mejoraría la estabilidad con la exigencia a las entidades financieras de colchones de capital, que se cubren en gran parte con unos bonos especiales. Pero estos colchones resultan una falacia porque al comprárselos unos bancos a otros, la solidez del sistema en su conjunto no se incrementa. La Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) en su último documento lo advierte: en 2016 los bancos poseían más de 50.000 millones de euros de estos bonos anticrisis. Procede ahora regular el riesgo de estos bonos en la solvencia bancaria.

Lo anterior son sólo dos ejemplos: el esfuerzo regulatorio es titánico. Y mayor es el que se tendrá que hacer con la banca en la sombra. Los intermediarios financieros no regulados y determinadas operaciones, como los derivados, fueron de las principales causas de la crisis financiera. Pero han seguido creciendo. En Europa suponen el 39% de los activos totales frente al 29% de 2008. Además, están íntimamente conectados con la banca regulada: según la JERS, las exposiciones de los bancos europeos al sector en la sombra es de más de un billón de euros.

Como Heracles, los reguladores no lo tienen fácil para ganar la batalla de la estabilidad financiera. Necesitan valor para no ceder a las presiones y establecer sin miedo los controles claves, los decisivos, que aseguren tanto la salud de cada entidad como la del sistema en su conjunto, controlando especialmente, incluso a nivel nacional o sectorial, el crecimiento del crédito.

Esa firmeza es lo que dio la victoria a Heracles. Aunque no estuvo falto de ayuda: su sobrino Yolao quemaba los cuellos de las cabezas que iban siendo decapitadas para impedir que brotaran de nuevo. Los reguladores, aunque fueran héroes, tampoco lo conseguirán solos. El mito también cuenta que la hidra se enroscó en los pies del héroe, simbolizando que la raíz de los monstruos está en la naturaleza humana: cada uno de nosotros es un Yolao que debe secar a su medida esta exuberancia financiera.

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