La ventana
Luis Carlos Peris
Pistoletazo con música
Ver a los suplentes del Borussia Dortmund sentados en el vestuario del estadio de Cincinnati durante la primera parte del partido del Mundial de Clubes ante el Mamelodi sudafricano, siguiendo el partido por la tele con el mismo gesto aburrido del que aguarda su turno en la sala de espera del dentista, originó numerosos comentarios de mofa en las redes sociales, muchos de ellos con una tóxica carga machista. Los seguidores del Bayern Múnich, el rival más directo de los aurinegros en Alemania, también cargaron con sátira más o menos refinada. Pero días después, fueron los suplentes del gigante bávaro quienes se quedaron en su caseta del estadio de Charlotte. No sé qué le pasaría por la cabeza a Harry Kane, con su porte de gladiador y su larga travesía de partidos jugados, a buen seguro, en condiciones inclementes desde que decidió ser futbolista profesional. Porque esa es otra: nadie les ha puesto una pistola en el pecho a los chicos del Dortmund o del Bayern para ser futbolistas profesionales (¡oh, qué valor y arrojo!) y no creo que peligre su integridad física por ver un partido desde el banquillo a 35 grados y con toda suerte de medios para hidratarse.
Recuerdo que en el Mundial de México 86 muchos partidos se jugaban también con el sol de fuego del mediodía para alimentar las audiencias europeas. Y en altitud. Y sin esa corte de técnicos con portátiles registrando los rendimientos individuales de cada futbolista. Y no imagino el rostro del incomparable Carlos Salvador Bilardo si alguien de la FIFA, antes del bélico Argentina-Uruguay de octavos de final, o del no menos bélico Argentina-Inglaterra de cuartos, le hubiera sugerido que los suplentes de aquella pretoriana selección albiceleste no se sentaran en el banquillo.
Todo lo que sirva para preservar la salud de los protagonistas es bienvenido, pero... ¿cuáles son los límites de esta espiral, que no es más que un reflejo de una sociedad aletargada por sobreprotegida?
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