Análisis

Gumersindo Ruiz

El loro viejo

En los primeros contactos entre presidentes de gobierno para elegir las figuras de la nueva Europa no se ha llegado a acuerdo sobre los nombres para el Consejo Europeo, la Comisión, y el importantísimo representante de política exterior, al que se añade el presidente del Parlamento Europeo. Con gobiernos socialistas España ya tuvo dos de estos cargos, Solana en exteriores, y Borrell en el Parlamento. Pero con ser relevantes, ninguno lo es tanto como el de presidente del Banco Central Europeo (BCE), donde reside la magia de que los países cobren en vez de pagar por la deuda, y los deudores privados, principalmente los hipotecados, vivan en un Nirvana de tipos de interés absurdamente bajos.

Los cargos europeos tienen una parte de geografía, de género, y de representación de los partidos, sin embargo el presidente del BCE ha de reunir unas cualidades especiales: formación técnica, habilidad política para ganarse las voluntades de los representantes en el consejo del Banco, y ser intrépido para hacer frente a las crisis internas y externas que se van a presentar. Estoy leyendo las memorias del presidente de presidentes de bancos centrales, Paul Volcker, que es casi un testamento de quién consiguió establecer la independencia de la Reserva Federal, frente a las presiones de presidentes que querían -exactamente como hace ahora Trump-, una política monetaria de dinero barato, que diera alegría a la economía aunque fuera sólo hasta las elecciones. También presionaron en Europa los fundamentalistas de la austeridad, Weidman en el banco central y Shäuble como ministro de finanzas en Alemania, y Olli Rhen desde Finlandia, tratando de impedir sin éxito la compra de deuda por el BCE, que al menos nos ha salvado de una catástrofe cierta. De entre todos los candidatos, el que más conviene ahora a Europa es el finlandés Erkki Lilikanen, con capacidad probada de maniobra política y flexibilidad intelectual; y aunque quizás técnicamente flaquee, tiene a un extraordinario economista jefe, el irlandés Philip Lane, y al español José Manuel Campa -que fue secretario de Estado de Economía con Zapatero- y preside la poderosa Autoridad Bancaria Europea. El único problema de Lilikanen es que con 68 años resulta algo mayor, pero como todo en la vida la edad es relativa, y es el reconocimiento lo que vale.

Cuenta Paul Volcke que un jubilado fue a una pajarería a comprar un loro, y escogió uno que le pareció discreto, pero al preguntar el precio le dijeron que valía 10.000 dólares, lo que le pareció una barbaridad para un loro. El dueño le explicó que era un loro que, aunque su idioma materno era el inglés, hablaba los cuatro idiomas principales de la Unión Europea; así que lo dejó y preguntó por otro pequeñito, pero le dijeron que valía 15.000 dólares, ya que hablaba coreano, japonés y chino, idiomas del futuro. En fin, el hombre, que sólo estaba interesado en un animal de compañía, eligió un loro muy viejo al que se le caían ya las plumas, y el pajarero le advirtió: "Ese loro vale 20.000 dólares". "Pero, ¿cómo puede ser?", respondió el hombre, sorprendido. "La verdad es qué no sé qué decirle -contestó el pajarero-, pero todos los loros de la tienda le llaman Mister President, y pensamos que debe ser alguien realmente muy importante".

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