Visto y oído

Antonio / Sempere

Absorbente

PIENSAN mis amigos que soy muy absorbente. Pero es que la amistad, en mis parámetros, no es más que tiempo. Mucho tiempo compartido. Si lo ha habido en el pasado, ya hay un buen trecho recorrido. Sin pasado común, sin recuerdos a los que aferrarse, difícilmente puede construirse una relación. Si no se han echado horas a un pasado común, será necesario echárselas al presente. O de lo contrario no habrá futuro. Una amistad es tiempo, mucho tiempo.

Aunque para absorbente, ese poderoso medio llamado televisión. Un titular de estas vacaciones decía que más de tres millones de españoles pasan diez horas diarias frente al televisor. No creo que sea la primera vez que ocurre. Estoy convencido de que se ve mucha más televisión de lo que dicen las estadísticas. Incluso cuando sólo había dos cadenas, y un horario restringido, había gente que consumía con naturalidad siete u ocho horas diarias. Todo el tiempo que estaba en casa. Incluido el rato en la habitación. Cuántos ratos de televisión en la intimidad. La cama, el espectador y la penumbra. Qué triste.

Lo que ocurre es que ahora parece que queda bien colgar determinados sambenitos a la crisis. Pero resulta que sin crisis mucha gente ya consumía televisión. Y sopas de sobre. En plena bonanza los Todo a Cien siempre tenían cola en las cajas.

Para quienes caminamos a contracorriente, el 7 de enero es ese día en el que percibimos que hemos conquistado una cima. Ya está. Se acabó el paréntesis. Llega la normalidad. Nuestra ansiada normalidad.

Una sugerencia. ¿Por qué no le echamos horas a cultivar la amistad? Aunque nos llamen absorbentes. Algunos, ofuscados en sus cosas, nos llamarán plastas. Pero merece la pena correr el riesgo. Que cumplan con el peaje de lo que nos prometieron en sus mensajes al móvil. Que nos den un poco de su tiempo.

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