Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Alta gestoría

EL currículum completo del nuevo Gobierno llenaría tantas páginas como Guerra y Paz. Abogados y economistas del Estado, diplomáticos, letrados de Cortes, catedráticos, magistrados: todo muy aburrido, pero normal, como el propio Mariano Rajoy. Lo que no quiere el presidente son más Margallos, todo el día opinando, haciendo política: un día Gibraltar, otro Merkel, al siguiente Cataluña. El presidente ya salió escaldado con la intelectualidad de José Ignacio Wert, él es la antítesis de Zapatero, sabe lo que da de sí y no quiere ir más allá. Si quieren brillantez, pásense por Tous. Ni Bibianas ni Leires. Casado, Maroto y Levy, los guapos, que se queden en las tertulias de La Sexta y de Antena 3. Las únicas excentricidades son Zoido y Cospedal. A quien hay que ponerle los focos es al alcalde de Santander, un De la Serna, apellido montañés ilustre, espigado y guapote, que puede ser un contrincante de Feijóo. Otro es Nadal, liberal puro, enemigo de las primas a todo tipo de industria, pero en especial a las eléctricas. Mariano Rajoy concibe el Gobierno como la alta gestoría del Estado. Los experimentos con Casera, los problemas que crean otros -la Generalitat-, que lo solucionen ellos; el elogio de la normalidad, el señor de Murcia, el perfil político romo. Y el caso es que le funciona: aburrido pero eficaz, como la gestoría de la esquina.

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