La tribuna

Luis Andrés López Fernández

Anciano que vive solo en un 5º sin ascensor

ESTA frase se la escuché a un colega y tocayo, Luis Andrés Gimeno, médico de familia en un centro de salud de Zaragoza. Estábamos hablando de las personas que están en una situación muy difícil, y con mucho riesgo de enfermar, de sufrir y de morir de forma dramática. Y la imagen del anciano que vive solo en un quinto piso sin ascensor es muy expresiva de esta situación. Es probable que, en términos de salud y de evitar sufrimientos innecesarios estos ancianos puedan recibir grandes beneficios de una visita médica o de enfermería. Podemos ser cualquiera de nosotros dentro de 10, 20 o 30 años.

La situación del anciano que vive solo en un quinto sin ascensor es muy característica de nuestra época. El anciano podría ser anciana, naturalmente. De hecho hay muchas más ancianas, ya que las mujeres viven en nuestro país unos siete años más de vida media que los hombres, aunque con mala salud. Por otro lado, los ancianos varones viven menos y además suelen tener muy pocas habilidades para el manejo de las situaciones domésticas, como lavar la ropa o cocinar.

La soledad es triste y hace que la vida tenga menos sentido vivirla. Cuando se está solo es difícil tener una justificación para levantarse, lavarse y bajar cinco pisos. Sabiendo que hay que subirlos después. El anciano solitario quizá no lo fuera en su juventud cuando vivía, por ejemplo, en su pueblo lleno de caras conocidas y de vecinos, de familiares, primos, tíos, hijos, hijas. O cuando en su edad adulta trabajaba en una fábrica o en una oficina. El trabajo podía ser duro pero aportaba compañeros de trabajo, cafelitos, cañas. Compañía, conversaciones, momentos de solidaridad y sentido de la existencia. Pero estas redes sociales se han podido ir destruyendo y ahora vive en el quinto piso de un inmueble en el que, si tiene mala suerte, no conoce ni es conocido por sus vecinos. Pueden quedarle amigos en el barrio, pero bajar y subir cinco pisos es un esfuerzo para el que hace falta mucha energía, decisión, y algo de alegría.

En estos tiempos que vivimos, en la época de la globalización neoliberal, ha surgido con fuerza esta nueva forma de pobreza solitaria. No sólo ancianos y ancianas, sino también personas en la edad media de la vida que se han quedado muy marginados de los privilegios del estado del bienestar, que han caído en la pobreza y malviven desperdigados por los barrios de las ciudades, en los centros urbanos degradados y en las ciudades dormitorio. Estos nuevos pobres no lo han sido desde siempre, por lo que no han aprendido a manejarse con las carencias de recursos y en cómo enfrentarse a ellas. Además han perdido sus redes de apoyo de cuando no eran pobres y tenían trabajo, y costumbres sociales compartidas con amigos. Ahora están aislados en sus barrios, se encuentran sin apoyos y solos. La crisis que ahora estamos padeciendo puede estar creando miles de nuevos pobres solitarios.

En España viven más de 8 millones de personas mayores de 65 años, y más de dos millones sufren alguna discapacidad. A pesar de todo, la mayoría de ancianos prefieren seguir viviendo en su casa. Uno de los problemas es quién los cuidará, si prefieren vivir en casa solos. Cada vez hay más ancianos que sólo se tienen a sí mismos para pasar su vejez.

Además, el número de ancianos que viven sólo se triplica en verano. Los ancianos que viven solos tienen más riesgos de malnutrición. Desde el punto de vista nutricional, la soledad supone un riesgo mayor de malnutrición y puede contribuir a empeorar otras patologías existentes en las personas mayores. El bajo poder adquisitivo, una movilidad disminuida o la falta de ascensor que impide que salgan a comprar, la inapetencia, el desconocimiento de las bases de una dieta equilibrada, la falta de motivación para preparar platos apetitosos, problemas de masticación o de deglución hacen que la dieta de los mayores se vuelva monótona y desequilibrada. Un cuidado especial tenemos que tener en estas épocas de calor asfixiante, porque aparte de dificultar aún más salir de casa hay un importante peligro de deshidratación, situación a la que los ancianos y ancianas tienen un especial riesgo.

Por ello, se han desarrollado programas por parte de ONG y grupos de voluntarios que intentan complementar el papel de los servicios sanitarios para que ningún anciano esté solo, ya que, sólo en Madrid, un de cada cuatro ancianos vive solo sin apoyo familiar ni público.

Los programas de salud, los de servicios sociales, las actividades de las ONG, las intervenciones privadas, las que se estimulan desde fundaciones y obras sociales para actuar contra la pobreza y las desigualdades están pensadas y articuladas para responder a la problemática tradicional de la pobreza, que solía estar vinculada con barrios marginales y con distintos tipos de grupos. Ahora, ante la nueva pobreza solitaria, tenemos que rediseñar nuestros programas e intervenciones.

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