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Juan Ruesga / Arquitecto

Arquitecto Espiau

HOY es el aniversario de José Espiau y Muñoz, que formó parte de los arquitectos sevillanos de referencia en la primera mitad del siglo XX. Padre y abuelo de arquitectos, su padre fue uno de los más significativos maestros de obras del XIX en nuestra ciudad, en cuyas construcciones se reflejaban los primeros pasos del modernismo. Estudió en el Colegio de los Escolapios, como otro de los arquitectos importantes de su tiempo, Juan Talavera Heredia, con el que también coincidió cursando sus estudios de Arquitectura en Madrid. De ellos respiramos su aliento en el desaparecido colegio de la plaza de Ponce de León, su nieto Eugenio y yo mismo.

Los edificios de José Espiau forman parte de uno de los capítulos más notables de la arquitectura sevillana y constituyen piezas del paisaje construido de Sevilla, ese que muchos sevillanos reconocemos como nuestra ciudad. Recordamos su proyecto más significativo, el Hotel Alfonso XIII, recientemente remozado. Para el Gran Hotel de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, se convocó un concurso nacional de proyectos, que ganan Espiau y Urcola, con la propuesta que llevaba el lema Guadalquivir. No es necesario explicar lo que significó para nuestra ciudad el Hotel Alfonso XIII y lo que aún significa. Su imponente volumen peraltado sobre el semisótano, se sobreelevó sin complejo alguno al lado del Palacio de San Telmo y la Fábrica de Tabacos, desplegando un amplio repertorio regionalista, a modo de manifiesto artístico. El nítido recorrido de acceso desde el apeadero, a través del primer vestíbulo, nos lleva al amplio intercolumnio, desde donde vemos los arcos del patio central y el arranque de la gran escalera principal. Es una solución espacial clara y rotunda.

Pero con ser significativa la arquitectura del hotel, la obra de José Espiau es mucho más trascendente en nuestra ciudad. Numerosos edificios singulares, como la Ciudad de Londres, la Adriática en la esquina de arranque de la Avenida frente al Ayuntamiento. Otros edificios en la Avenida y en la Plaza de San Francisco. El singular edificio de Pedro Roldán en la Plaza del Pan. La casa Grosso en la Calle San Pablo, de composición clásica en su simetría y con unos magníficos cierros metálicos. El espectacular cierro modernista de la calle Orfila. La Casa Sin Balcones en la calle O'donell, el Garaje Hotel en la Calzada, junto a San Benito. Las atractivas naves de la casa Singer en la calle Lumbreras. Y decenas de viviendas colectivas por toda los barrios de Sevilla, desde Triana a Nervión. Afortunadamente su obra está bien estudiada en varias publicaciones y su archivo personal se conserva en la Fundación del Colegio de Arquitectos de Sevilla.

Puede que algunos ignoren al arquitecto, pero es difícil no conocer su obra. Como escribió Manuel Machado: Hasta que el pueblo las canta/ las coplas, coplas no son,/ y cuando las canta el pueblo,/ ya nadie sabe el autor. Así creo que pasa con la obra de uno de los artífices de nuestra ciudad, que firmaba en sus edificios con un escueto: Arquitecto Espiau.

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