María josé andrade

Periodista

'Arreglá' pero 'informá'

Pensé que habría una explosión de creatividad, de color tras el confinamiento. No fue así

Hubo una época, en esta España tan imitadora, en la que la gente se dejó de vestir elegante los domingos para enfundarse en un chándal. Un icono de unos años en los que nuestra querida Martirio, cantaba unas sevillanas que se convertirían en todo un himno, y que reivindicaban el arte de enfundarse en esta doble prenda deportiva y seguir caminando por la vida con unos tacones que arreglaban el conjunto.

Es cierto que por aquellos años ya hacía algunos se había cerrado la Fábrica de Sombreros de Fernández y Roche de la calle Heliotropo de Sevilla, así como en muchas ciudades no sólo de España sino del mundo. Y pocos, sólo algunos mayores, tocaban la cabeza con el símbolo de una época de traje, corbata y banda negra en una de las mangas, en señal de luto por la pérdida de algún ser querido.

Aquellos fueron tiempos en los que, de pronto, y de forma radical, la gente comenzaba a cambiar sus hábitos en el vestir y dejaban "los zapatos de domingo" en el armario para calzarse unos botines. Días de fiestas en los que colores chichones, pantalones bombachos y chaquetas enormes eran lucidas por familias enteras, y conjuntadas, en unas calles que respiraban libertad.

Aquella era una forma de ir cómodo y muchos se tenían por ir elegantes, pero para los mayores resultaba chocante y, como algunos afirmaban, "fuera de lugar" porque los domingos eran "sagrados" y el vestir bien, también.

Pasó el tiempo, las décadas y el siglo, y llegó la pandemia. Y lo hizo en unos tiempos en los que las redes sociales, los youtubers y las influencers ocupan miles de horas del día de jóvenes que imitan, sin apenas razonar y pensar, actitudes, modos, costumbres y , como no, el vestir.

Una pandemia que nos encerró en casa para transformar nuestra vida, nuestras costumbres y nuestra manera de ponernos la ropa. Durante meses no hizo falta hacer acopio de prendas nuevas, a cada instante; algo que perjudicó a las grandes marcas que, inmediatamente dieron un giro radical a sus diseños y comenzaron a dibujar una moda que recordaba a aquellos años de chándal y botines.

Pero ahora era distinto. Ahora era diseño. Prendas fluidas, de punto y overside (ancha… muy ancha). Colores tenues, discretos y que uniformaban, y aunque no podíamos salir a la calle, los que influyen, no dejaron de mostrar en sus perfiles fotos que volvían a marcar tendencia.

Pero abrieron las puertas y pudimos salir a las calles, y volvimos a las tiendas. Unas tiendas en las que meses después entramos y siguen con una ropa de diseño, fluida, de punto y overside… Prendas aburridas, tristes y que recuerdan, y mucho, aquellos días en los que, aunque en casa, debíamos estar "arreglá pero informá".

Yo, personalmente, pensé que habría una explosión de creatividad, de color, de diversión y de alegría pero cuando veo esta ropa tan tenue, tan discreta y que uniforma, me vuelvo sobre mis pasos y salgo sin bolsa en la mano. Y lo hago a propósito y esperando, a que por fin, la ropa, muestre y refleje estos nuevos tiempos en los que estamos deseando… ¡Volver a la vida!.

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