¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
Nada como preguntarle a los empresarios que están a pie de calle sobre las verdaderas necesidades de la ciudad. Radio Sevilla recopila cien ideas para reimpulsar la ciudad con motivo del centenario de la emisora de la cadena SER. Pedro Robles ha lanzado el dardo y lo ha clavado en todo el centro de la diana al referir que el centro mejoraría mucho con una red de servicios públicos. Solo se instalan en Semana Santa, a pesar de que la ciudad cerró 2024 con 4,8 millones de visitantes, 1,3 millones más que el año anterior. ¡Una alegría para don Arturo Bernal y el equipo de la Consejería de Turismo! Se intuye ya que Sevilla puede superar los cinco millones en 2025 cuando se tenga la estadística completa. Y más allá de la cifra están los denominados impactos económicos. ¿Pero dónde orinan tantas criaturas? Una solución es consultar la guía de los urinarios ocultos de la ciudad, pero no se trata de estar sorteando conserjes de clubes o colegios profesionales, subiendo a las plantas altas de grandes almacenes, entrando en los vestíbulos de los hoteles con la apariencia de clientes alojados (no hace falta ya ir bien vestido), o reventando la clave de los retretes de algunas reputadas cafeterías. Mucha gente entra en los bares y pregunta directamente si puede hacer uso de los baños, otros al menos realizan una consumición. Y no faltan quienes se cuelan directamente. Una ciudad que vive de recibir tantísimos visitantes no ofrece ni un solo baño público en el centro histórico. Hay uno en el Parque de María Luisa, junto al monumento de Aníbal González, que funciona los fines de semana. Pero nos faltan urinarios como necesitamos más fuentes y, sobre todo, más sombra. Tome notan en Urbanismo ahora que es invierno.
No hace falta contratar a consultores sesudos para saber cómo se mejora una ciudad. Hay que preguntar a quienes se la patean cada día. Las tres necesidades de Sevilla: servicios, sombra y agua. Todo es muy básico, ¿verdad? Prestaba atención a la lección de Robles y recordaba la genial película del inolvidable Manuel Summers, titulada Tó er mundo é güeno (1982), con la que miles de espectadores se troncharon de risa al comprobar el efecto de la cámara oculta. Summers instaló una en el antiguo urinario subterráneo ubicado delante del Archivo de Indias. Ató una fiera en el interior y puso a un actor anónimo a dar el aviso a todo el que se disponía a bajar a los baños. “Hay un león ahí dentro que se come las colitas de las personas”. Cuando bajaban se llevaban la sorpresa de ver al animal junto a los retretes. Hoy no se podría rodar la mejor escena de aquella comedia porque los servicios no existen. Al menos recordamos que hubo un incauto que hizo sus necesidades junto al león, terminó y se fue como si nada. Los demás salieron raudos. Tome nota el gobierno local de la necesidad apuntada por Robles. Muy bien los serenos, pero faltan los urinarios.
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