La ciudad y los días

carlos / colón

Artículo no escrito

IBA a escribir, por ser hoy primer viernes de Cuaresma, sobre la inflación de los vía crucis… ¡Más de 40! El vía crucis, a diferencia de la transversal Semana Santa que es una fiesta cívico-religiosa, es una práctica piadosa que se supone ligada a una mayor devoción o compromiso personal. Lo curioso es que cuanto más desciende el número de católicos practicantes, más aumenta el número de piadosos participantes y de Vía Crucis. Según los últimos datos del CIS el 55,7% de los católicos no va a misa "casi nunca", el 14,8% sólo algunas veces al año y únicamente el 14,2% todos los domingos. Entonces, ¿de dónde tanta piadosa devoción, tanto trasiego de imágenes, tantos "pitos", tantos lirios, tanto arrastrar de pies de portadores?

Iba a escribir sobre la hinchazón de la Semana Santa que ya no dura una semana y es cada vez menos santa; sobre los límites intolerables que priostías y vestidores están traspasando al convertir los altares de culto en aberraciones escenográficas o en vitrinas de museo de Historia Natural, y las sagradas imágenes en maniquíes de escaparate; sobre quienes creen que una imagen es sagrada sólo porque la rocíen con agua bendita como si, por bendita que sea, pudiera remediar los desafueros de los pega gubiazos; sobre los repertorios musicales que van de la recuperación cursi de lo justamente olvidado a la de los horrores zarzueleros, gaiteros y xilofónicos de los terribles finales de los 60 y 70, pasando por las marchas de cristo y palio popularmente denominadas "atasco en Torneo" o "circo americano"; de la vigorexia costalera; sobre si esta monstruosa hinchazón de vía crucis, días de la Semana Santa, hermandades o cortejos será la manifestación de la putrefacción de la fiesta.

Iba a escribir sobre estas cuestiones hasta que caí en la cuenta de que es absurdo, además de inútil, hacerlo. Si eso que los capillitas llaman Palacio, el Consejo, las juntas de gobierno, los hermanos, los directores espirituales, los imagineros, los costaleros, los músicos, los vestidores, los opinadores y el pueblo soberano no dejan de aplaudirse unos a otros y jalearse, tan contentos, y se lo pasan tan bien, no es cosa de ponerse la piel de camello y escribir en el desierto, por mucho que uno sea de allí donde está escrito Non surrexit inter natos mulierum maior Ioanne Baptista. ¡Uf! Menos mal que me he dado cuenta a tiempo. Un poco más y escribo lo que pienso y siento.

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