Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
Estábamos absortos entre toro y toro, Manuel Escribano daba una lenta vuelta al ruedo y esa paleta cromática que es la plaza de toros, cambiaba de color. Se cerraba la noche y la Giralda continuaba asomada por el tejadillo del 12. Había pasado mucho en el ruedo, pero aunque no ocurra nada, estas tardes de primavera son una delicia en el templo del Paseo de Colón. Más que nada cuando se lidia el quinto es de una belleza extraordinaria el contraste del sol que se va y que lanza sus últimos rayos sobre los arcos del doce. Alguien dijo una vez que la Feria no era más que la excusa para venir a contemplar la belleza de Sevilla. Y es que en estas atardecidas se rompen los moldes con el juego de luces y sombras que organiza el sol en su huida sobre los arcos de la plaza. Un espectáculo que cuando se ve acompañado por el diálogo entre torero y toro es inenarrable, único.
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