La ventana

Luis Carlos Peris

Ay cuando el calor se feminiza

PASARÁN los años, se renovará la nómina de habitantes, todo quedará en un rincón del arcano y se recordará aquel verano del bisiesto 2016 por la calor. Cuando el calor se feminiza hay que tocarse la ropa. La calor es un grado más, o varios, que el calor, el simple calor que ocurre como algo natural. Pero la calor no tiene nada de natural, es un martirio que en este verano sigue y sigue como aquel conejito del anuncio de las pilas alcalinas. En este verano, hasta el calor del membrillo, ese pegajoso y rico en moscas que llega de la mano de la vendimia, anda acobardado sin asomar la gaita temiendo que la calor se la vuele. Todo empezó hace ni se sabe, se recrudeció el 14 de julio con la irrupción de un levante inmisericorde que no remite y que ha convertido esta tierra en sucursal de las calderas de Pedro Botero. Y es que cuando la calor impera no hay quien la soporte.

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