crónica personal

Pilar Cernuda

Aunque...

LO ha dicho Alberto Ruiz-Gallardón en la recepción con la que se celebraba la fiesta de la Comunidad de Madrid: aunque el Gobierno maneje datos que afirmen taxativamente que por este camino pierde las próximas elecciones, Rajoy no va a cambiar su línea de actuación. El ministro de Justicia, como sus compañeros, respaldan de principio a fin las iniciativas que toma el presidente, son conscientes como Rajoy de que son muy duras y que provocan rechazo en un amplio sector de sus votantes, pero es tal la convicción de que son las únicas que garantizan la salida de la crisis que no se van a mover un ápice en sus convicciones.

Aunque la oposición le dé palos hasta en el carnet de identidad, Rajoy va a seguir adelante; aunque destacados economistas pongan en duda que el ajuste sea positivo, el Gobierno va a mantenerse fiel a sus principios, entre otras razones porque otros destacados economistas avalan su política. Aunque Hollande apueste por el gasto y la inversión pública, Rajoy está convencido de que sólo con el control del déficit se podrán sentar las bases para que la economía funcione y se cree empleo, y aunque Merkel cambie de criterio, que nada apunta a que vaya a cambiar, el Gobierno de Rajoy piensa cumplir sus objetivos de déficit. Y cuando se apunta a un miembro del Gobierno que con tanta austeridad no se produce crecimiento, responde que en tiempos pasados las medidas de austeridad fueron precisamente la clave de que España superara su crisis, como bien sabe un Aznar que en el 96 se hizo cargo de un país con un índice de paro descomunal y la economía por los suelos.

El único cambio que veremos en las próximas semanas es que Mariano Rajoy, al fin, ha decidido salir a la palestra para explicar el porqué de sus decisiones. Se va a convertir en portavoz de sí mismo, quizá para impedir que sus ministros hagan anuncios contradictorios, lo que ha dado una deplorable imagen respecto a la cohesión del Gobierno. Le ha costado tomar esa iniciativa aunque desde su entorno se le aconsejaba que convocara a los periodistas cuanto antes, que se dejara entrevistar, que acudiera a algún plató de televisión. Además, le apuntaban, es un político que se defiende bien, que se explica bien, que tiene capacidad de convicción. No ha querido hacerlo hasta ahora, pero este lunes inaugura una nueva etapa en la que va a dar la máxima relevancia a la comunicación y va a explicar las razones de sus medidas de ajuste. Y a partir de ese momento se mostrará más asequible a los periodistas, que hasta ahora escasas oportunidades han tenido de preguntar, excepto en las reuniones internacionales o en una pregunta al vuelo en los pasillos del Congreso de los Diputados.

Pero en cuanto a sus políticas de ajuste, ni un cambio.

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