La tribuna

José Ignacio Enríquez

'Baby Boomers'

DESGRACIADAMENTE, la crisis ha terminado. Permítanme, que antes de nada les traslade que nada más lejos de mi intención pretender hacer un chiste con un tema tan importate, que tanto nos afecta y que tanta angustia, incertidumbre y sufrimiento nos ha producido. No suelo bromear con asuntos trascendentes, que afectan a lo más profundo de nuestras emociones y convicciones, aclarado lo cual, me permito reafirmar y avanzar en el mensaje inicial; definía Bertolt Brecht, que "la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer".

En las ciudades donde se sintieron los primeros latigazos de la crisis cuando todavía en este país ni siquiera asomaba el concepto de crisis, en dichos "lugares" -Nueva York, Londres, Zurich, Dubái, Tokio...- la situación no sólo es hoy de absoluta normalidad en términos de actividad comercial, empleo y consumo, sino que se percibe una cierta fiebre compradora. Dichos "lugares" eran vistos como exóticos cuando se recibían las primeras noticias de turbulencias económicas a comienzos de la crisis; familiares y amigos recuerdo ahora me transmitían que aquí de momento no ocurría nada de eso y todo iba bien. Les pido un pequeño acto de fe, y si ahora les digo que la crisis ha terminado en dichos "lugares", es más, si alguno de dichos "lugares" tienen el privilegio de visitar, les recomiendo eviten hablar de crisis a menos que quieran ser etiquetados como trasnochados "visitantes" que no se enteran de nada.

Comenzaba indicando que la crisis ha terminado, y con ella todas las oportunidades de inversión que existían en dichos "lugares", en forma de precios atractivos en la cotización de sus acciones, iliquidez en bonos y en adquisición de inmuebles y propiedades singulares que rara vez salían a mercado. Estas prácticas permitían en tiempos de río revuelto obtener ganancia de pescadores intrépidos. A día de hoy requieren, con aguas mansas, ingentes cantidades de capital y trabajo para obtener exiguas ganancias de pescadores conservadores.

Sin pretender entrar en juicios ideológicos, persiste la convicción de que quedan muchas reformas a medio hacer, quizás ya nunca se aborden, eran positivas y saludables a largo plazo, pero requerían de esfuerzos, y ahora ni es el momento, ni hay ánimo para afrontarlas. Una de las cuales da sentido a este artículo, y engloba a toda una generación de padres que optaron por familias numerosas, es la generación del baby-boom: la zona más nutrida de personas están en el rango de 35 a 55 años, les recomiendo no miren mucho más abajo, produce un cierto sonrojo ver como la pirámide se muestra raquítica en el sector de nuestros hijos.

Tendremos escasez de mano de obra en nuestra raquítica pirámide poblacional, que debemos alimentar con nuevos migrantes, que además de dedicar sus esfuerzos a la investigación y sanidad, equilibraran el actual sistema de reparto simple en nuestro modelo de pensiones y prestaciones sociales; cotizantes mantienen a no cotizantes, se llama en términos actuariales, equilibrio intergeneracional. Estos cotizantes, si trabajan en actividades de sanidad, investigación y dependencia de alto valor añadido, permitirán sufragar con sus salarios las pensiones de las clases pasivas. Alternativamente, me temo que si las labores a las que se dedican son de bajo valor añadido, será imposible que financien dichas prestaciones, bastante tendrán con cuidar de sí mismos y llegar a fin de mes.

Casualidades ó no del destino, dichos "lugares" reciben sobre todo migrantes de alto valor añadido ¿Han sido realizadas en nuestro país reformas de carácter significativo que permitan incentivar este tipo de empleos de alto nivel añadido? Ni siquiera las hay para los autóctonos. Burocracia, politización y presión impositiva son males endémicos que hubieran requerido de atrevidas reformas para su erradicación. No se hicieron durante la crisis y me temo que ahora se quedaran sin hacer: desgraciadamente, la crisis se ha terminado.

Cuando se hablaba de austeridad, hablábamos de reducir el déficit público y evitar que la deuda continúe en ascenso en relación al PIB, optando por medidas orientadas al crecimiento económico y no al despilfarro. Reducir el déficit es una parte de la ecuación, la otra si renunciamos a la austeridad es aumentar el PIB. Esta última suena mucho más bonita y genera consenso entre todas las corrientes ideológicas. También es fácil de convenir que para aumentar el PIB será imprescindible, si hay menos cotizantes, que estos sean mucho más eficientes y productivos que los actuales cotizantes, para lo cual no quedará otra que dedicarse a actividades de alto valor añadido.

Finalmente, y en relación a los baby-boomers que a día de hoy siguen existiendo por el planeta, me gustaría despedirme con una cita del actual Presidente de la Comisión Europea, sobre nuestra nueva patria, Europa: "Somos muy pequeños, nuestro peso económico en el mundo disminuye. A comienzos del siglo XX éramos el 20% de la población mundial, ahora somos el 11% y seremos apenas el 7% en 2050. Hace falta que Europa tome conciencia del problema del envejecimiento.

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