La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Bambalina delantera

Rodríguez Buzón lo dijo sin ofender a nadie, pero sobre todo sin ofender a la verdad: "Reinas habrá…"

Digamos lo sabido: "…pero como tú, ninguna". Rodríguez Buzón lo dijo sin ofender a nadie, pero sobre todo sin ofender a la verdad. Y es su cara, solo su cara, fina frontera entre la eternidad y el tiempo, la que desde el siglo XVII la hace única. Todo nació de ella. Su fama no viene de cuando algunos, alentados por una memoria huérfana de historia y pródiga en rencor o envidia, dicen. Era ya tanta en el siglo XIX que cuando en 1855 su hermandad decaía el mismísimo alcalde de Sevilla se plantó allí para presidir un cabildo. La Macarena era asunto de Sevilla, no solo de sus hermanos y su barrio. Quince años más tarde, un 31 de marzo de 1870, se hacía hermano un jovencísimo bordador del taller de las Antúnez que en 1888 abriría el suyo junto a su hermana Josefa. Lo demás, desde el palio negro de 1891 al manto tisú de 1930, pasando por el manto de malla de 1900, el palio rojo de 1908 o la corona de 1913, es historia.

La cara de la Esperanza, el tesoro de la hermandad, fue siempre la misma desde el siglo XVII. Pero el mundo que Rodríguez Ojeda creó en torno a ella -lo que también incluye su cortejo, desde la túnica de capa de 1888 que dos años más tarde pintó García Ramos a la ropa de los armaos de 1915- la enmarcó y alumbró para que dijera más alto y claro cuanto tenía que decir. Porque lo de Juan Manuel en la Macarena fue una exégesis -explicación- y una hermenéutica -interpretación de los textos sagrados- bordada y cincelada en vez de escrita. Así la devoción admirativa que poco a poco iba creciendo, desbordando su barrio para ir conquistando Sevilla, estalló definitivamente. Después Turina, Cebrián, Morales, Gámez Laserna, Braña, Moreno, Ojeda o Hurtado convertirían en música las emociones que la Esperanza suscita.

En 1920, poco antes de morir, al donar a la Macarena la pluma de oro que el pueblo le había obsequiado por sus valientes artículos en defensa del funeral catedralicio de Joselito, criticado por tratarse de un torero y un gitano, Muñoz y Pabón, que había promovido la coronación popular de la Macarena en 1913, escribió: "Sea el obsequio una pluma. Y de oro... Pero póngasela un alfiler, que la convierta en imperdible o broche, para sujetar con ella el cíngulo de la Esperanza… Sevilla es su Semana Santa; y la Semana Santa de Sevilla es la Virgen de la Esperanza. La de la Macarena. ¡La Virgen de la Esperanza es... Sevilla, bajo palio!". Lo suscribo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios