PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

De Burzón a Lopera

OCUPAN por deméritos propios las portadas de los periódicos sevillanos. Soñaron con aparecer en ellas, y de hecho lo consiguieron, cuando su ansia de notoriedad y triunfo se convirtió en el plan estratégico con el que darle catapulta y barniz a sus oscuros negocios. Conocen bien las flaquezas, apariencias, silencios y ganas de arrimarse al perol del nuevo rico que caracterizan a una parte de la sociedad sevillana, peronista de puro entreguismo al primero que prometa el maná, ya sean intereses al 20%, fortunas en Costa Rica (¿se acuerdan de Somersen y Bernardo Martín?), hoteles Titanic o glorias balompédicas.

Es el culto a la picaresca y el desprecio al rigor la nefasta escuela de negocios a la que la Sevilla anacrónica da alas, le toca las palmas y cobija en su nido. Salas Burzón, Ruiz de Lopera y otros han sido doctorados por Sevilla: hermanos mayores de cofradías, presidentes de clubes de fútbol, reyes magos,... Carbón, mucho carbón merece una ciudad que le pone alfombra roja a quienes resulta fácil detectar porque su estilo les delata. Una ciudad que perpetúa en el ostracismo del segundo plano a la Sevilla que toma conciencia de su talento y capacidad por su proyección allende Despeñaperros. La que, sin alharacas, opta por destacar o sobrevivir en suelo hispalense sin pasar por el fielato de la mediocridad, el compadreo y los intocables.

Nada menos que 6.316 facturas falsas han sido detectadas en el chiringuito financiero de Salas Burzón, donde la inspección contabiliza un agujero de 87 millones de euros. Pero si quieren un baile de cifras, las muchas que Lopera ha dejado caer desde hace años sobre el valor de sus acciones en el Betis para pactar su venta. 70 millones de euros es la última que propaga. Y toda la ciudad asiste como espectadora a la ceremonia de la confusión de quien es plusmarquista de la opacidad y juega con la multiplicación de los panes y los peces como si fuera el mago Tranlarán.

Sevilla necesita potenciar otros referentes sociales para salir de nuestra propia crisis. Y los hay, claro que los hay.

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