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Luis Carlos Peris

Capillita para lo que guste mandar

LUIS RODRÍGUEZ-CASO Y DOSAL (1940-2005). Su padre talló la Virgen de la Quinta Angustia y su abuelo fue comisario en el 29 · El Silencio fue su refugio durante un desencuentro en su hermandad

ERA de la Magdalena y estudió en los Maristas cuando los Maristas estaban en la calle San Pablo, por lo que ser del Silencio y de la Quinta Angustia era lo normal para él. Pero es que todo era muy normal en la vida del sevillanísimo Luis Rodríguez-Caso y Dosal, hijo de Vicente Rodríguez-Caso, el escultor que talló la imagen de María Santísima de la Quinta Angustia, y nieto de Luis Rodríguez-Caso, comisario que ejerció en la Exposición Iberoamericana de 1929 y que era coronel de Artillería.

Nacido en la calle Teniente Vargas Zúñiga, hoy Mesón de los Caballeros, Luis prodigaba las visitas al taller de su padre en la Plaza de la Virgen de los Reyes. La visión tan cercana de las imágenes que don Vicente estaba tallando fueron ayudando a cincelar una forma de vida, una manera de conducirse y, por supuesto, una vocación irreductible, la de capillita. Se habla de cofrades y de fundamentalistas de nuestra Semana Santa, pero todo eso se encierra en una palabra de cuatro sílabas, ca-pi-lli-ta.

Luis Rodríguez-Caso, capillita que tiene al Silencio y a la Quinta Angustia en el frontispicio de sus devociones, empezó su recorrido cofradiero donde tantos niños de Sevilla hicieron, en la Borriquita. En aquellos años en que se doblaba el ecuador del Siglo XX, la Borriquita era el oasis para los nazarenos precoces y Luis no podía elegir otra opción. Tras la Borriquita vistió la túnica blanca de la Bofetá y busca refugio en el Silencio cuando se produjeron unos dolorosos desencuentros entre él y algunos componentes de su hermandad del alma, la Quinta Angustia.

Los años iban pasando y el tiempo del colegio de San Pablo también. La Medicina había sido su elección universitaria y se especializó como anestesista para ocupar plaza en García Morato. Allí coincidiría con un compañero muy especial, ya que se compenetraban por un cúmulo de aficiones que tenían como denominador común la Semana Santa. Y es que ese compañero, Sebastián Amador, Chano en el mundo, también era un capillita de muchísima consideración. Hay testigos del dolor que sintió Chano cuando en la noche fatídica del 15 de diciembre de 2005, una voz al otro lado del teléfono le comunicaba que Luis Rodríguez-Caso acababa de expirar en la UCI del Hospital Macarena.

Pero no adelantemos acontecimientos, que la vida de Luis, aunque no muy extensa, sí que resultó extraordinariamente intensa. Sevillano a machamartillo y teniendo muy a gala lo de capillita, contaba a todo el que quisiera oírle que tenía cuarenta y tres caminos del Rocío a sus espaldas, peregrinación que realizaba con el cordón verde de la Hermandad de Triana. El Betis y Curro Romero eran sus aficiones laicas, aunque cuando él hablaba de ellas perdían todo rastro de laicismo para convertirse en dos sentimientos que entraban de lleno en lo religioso, tal era el entusiasmo con que se manifestaba.

Fue mayordomo de la Quinta Angustia desde 1971 a 1976 y en este tiempo encauzó con acierto las obras de la casa hermandad, sita en Cristo del Calvario. Por este tiempo es cuando se produce el doloroso desencuentro que citamos más arriba y durante su refugio en la Madre y Maestra ocupa un sitio preferente en la cofradía, el de fiscal de Cruz de Guía. Comoquiera que coincide con su presidencia del Consejo de Hermandades, Luis goza de un privilegio singularísimo y es el de que en cuanto entra la Cruz de Guía en San Antonio Abad, él tiene permiso para vestir de calle e ir a presidir desde el palquillo de la Campana la Madrugada que resta.

El año de 1988 fue crucial en su vida, pues coincidió el nombramiento como pregonero de la Semana Santa con su elección como presidente del Consejo de Hermandades. En este cargo tomó decisiones traumáticas como la de vallar la Avenida, con la consiguiente pérdida de plazas y el brote de unos enemigos furibundos entre los abonados que perdieron su silla. También le tocó organizar al rebufo de la Expo la participación de las hermandades en el V Centenario de la Evangelización de América, montándose Los Esplendores de la Iglesia y el Santo Entierro Magno.

También hizo algo que fue importante por inusual, no alargar su tiempo en el cargo. A los cuatro años decía adiós y retornaba por la puerta grande a su Quinta Angustia, de la que sería hermano mayor durante ocho años. Pero hay que hacer hincapié en su condición de capillita recordando un pasaje de su Pregón en el que realizó una encendida defensa de dicho concepto. "Reivindico con orgullo y en su honor a los que hicieron del servicio a las hermandades la más ejemplar de las entregas y la más auténtica de las vocaciones, ¡capillitas de Sevilla!", dijo entre aclamaciones.

Luis Rodríguez-Caso colaboró frecuentemente en Diario de Sevilla con una columna que no podía tener un epígrafe más católico y romano que el de El Lábaro. Casado con Mercedes Bernal Moreno, este médico anestesista murió anestesiado en la UCI del Hospital Macarena la noche del 15 de diciembre de 2005. Un capillita integral se iba en vísperas de Navidad y dejaba entre nosotros a tres hijos, Macarena, Mercedes y Luis, un sevillano de guardia las veinticuatro horas del día y que se mira sin parar en el espejo mejor, el de su queridísimo padre.

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