Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Cartuja sigue siendo una isla

Que el parque tecnológico y científico sea casi invisible al sevillano es un fracaso de éste y los otros cuatro alcaldes anteriores

Hay sevillanos que todavía se refieren a la Cartuja como la Expo, 27 años después. También los hay que la recorren con curiosidad preguntándose qué fueron y qué son ahora los edificios que quedan en pie de aquella muestra universal. Ninguno son mayoría, en medio hay nostálgicos, escépticos, derrotistas absolutos... muchas sensibilidades distintas, pero lo que menos abunda es el sevillano que saca pecho por lo que hoy se levanta al otro lado de Torneo y que, aunque cueste creerlo, es una tecnópolis ejemplar en España por superficie, empresas y facturación.

La imagen de abandono y jaramago sigue imponiéndose en un territorio donde, tras el 92, se demolieron más de 50 pabellones, entre otros espacios emblemáticos que ya formaban parte de la conciencia del sevillano. Costó una década que la entonces bautizada como Cartuja 93 levantase el vuelo y, cuando lo hizo, a finales de los 90, la nueva realidad que surgió tenía poco que ver con la tecnología y la innovación que se presumía para aquel legado: primero llegó Isla Mágica y luego el Estadio Olímpico, proyecto que ya nació abocado al fracaso.

Ya no quedan solares vacíos y, aunque el mantenimiento del recinto es deficiente, aquello es una urbe que hierve de sol a sol y por la que pasan a diario 30.000 personas. Una ciudad en la que que, estando a un paso del centro, no hay puente que logre acabar con su aislamiento. Y eso, ahora que se cumplen 27 años de la inauguración de la Expo, es un fracaso de éste y de los anteriores cuatro gobiernos locales.

¿Cuántos sevillanos saben que en la Cartuja hay actualmente 459 empresas que emplean directamente a 17.300 personas y facturan al año más de 2.200 millones de euros? Son tres datos que impresionan. Pero una amplia mayoría de ciudadanos no han tomado aún conciencia de este gran potencial. Y esto también es culpa de los gobernantes porque el aislamiento que sufre el parque tecnológico y científico no es sólo físico: los intentos por mejorar las comunicaciones y la movilidad siguen sin triunfar. También es social. Falta pedagogía, explicar a los ciudadanos que aquello que está allí es parte de la ciudad, ese talento de aquí que se exporta desde Sevilla al mundo. Es un orgullo que muchos en la ciudad todavía no han experimentado, lo desconocen y a sus ojos es invisible.

El ingeniero José Luis Manzanares, presidente de Ayesa, la compañía que más factura en Cartuja, tiene claro que no existe en el mundo un centro y un espacio tecnológico como éste y, para él, la mejor prueba es que todo el cliente de fuera que visita la Cartuja se queda con la boca abierta. Así lo dice en Cartuja, la isla de los secretos, un libro que se ha publicado recientemente con la vocación de reivindicar precisamente este territorio y su aportación a una ciudad que sigue sin integrarlo. ¿Debe ser el distrito 12 de Sevilla? Éste fue un debate abierto en 2010 y zanjado un año después que el actual alcalde tampoco ha visto necesario retomar. Quizás no lo sea. Lo primero es entender que no es una mera cuestión administrativa por resolver. Es mucho más.

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