tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

Chumberas marchitas

La chumbera fue traída en el siglo XVI junto a unas cochinillas que se alimentaban de su savia

Resulta muy triste recorrer el campo sevillano y observar a cada paso chumberas mustias, cubiertas por un velo blanco algodonoso a modo de sudario que delata su anunciada muerte. Estos cactus -Opuntia sp.- formaron parte del conjunto de animales y vegetales importados desde el Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América, lo que supuso una revolución en el devenir económico y medioambiental de los países europeos occidentales. Al igual que el tomate, la patata, el pimiento, el girasol, el cacao, el aguacate o el pavo, la chumbera -nopal en nativo- fue traída en el siglo XVI junto a unas cochinillas que se alimentan de la savia de sus palas y restringen su crecimiento. Las hembras grávidas de estos insectos fabrican un apreciado tinte carmín utilizado por culturas precolombinas para teñir la piel corporal, telas o artísticos murales. La chumbera es un símbolo del ámbito rural y constituye desde hace centurias un elemento indispensable del paisaje andaluz, como queda reflejado en estampas, pinturas o relatos de viajeros; y en refranes populares como el referente a la avaricia en la opulencia, junto a la higuera: "En tiempos de higos, no hay amigos".

Se denomina especie invasora a la que se introduce en un nuevo territorio y determina una profunda alteración en el equilibrio ecológico de la región receptora, constituyendo plagas; en nuestro país se registran más de doscientas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. En esta lista está incluida la chumbera por no ser autóctona -¡después de cinco siglos!- y "dañina", debido a su capacidad de expansión, sin tener en cuenta la multitud de beneficios que aporta: higos chumbos ricos en nutrientes; setos en lindes de caminos y cercados; colorantes usados en la industria alimentaria, cosmética o farmacéutica; resguardo para animales campestres... y belleza insólita.

El hermoso cactus y la cochinilla del carmín pueden convivir si la población de insectos se mantiene estable, pero una vez que el grana natural comienza a sustituirse por otros sintéticos se abandona la recolección y control de sus cochinillas parásitas, las cuales amenazan con destruir estas evocadoras cactáceas del sur y el levante español. Resulta una paradoja que, al ser consideradas plantas invasoras, no puedan someterse a los programas normalizados de protección de plagas y se dejen morir poco a poco ante el asombro de campesinos, naturalistas, artistas, poetas...

Es posible que la proscrita chumbera haya de hacerse acreedora a un título de "limpieza de sangre", al igual que en épocas pretéritas lo adquirían muchos conversos para abrillantar su pasado y acceder a los beneficios emanados del poder real. "Acémila en la calle irrumpe/ pregonando dulzor y cálido agosto,/ humilde placer, fruto proletario y amable./.../ Flagela la navaja diestras señales,/ tres incisivas heridas, tres cortes del aire,/ y se desnuda el chumbo/ sobre el privado palco de tu mano,/ lúbrico todo y obsceno,/ todo pecaminoso arte" (Ignacio Campoy).

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