Crónica personal

Pilar Cernuda

Colapso

EL simple titular ya llena de sonrojo, pero es el que se ha repetido hasta la saciedad en las últimas horas: España colapsada. Llena de sonrojo porque no se puede admitir que una nevada, por fuerte que sea, haya cortado las autopistas más importantes y supuestamente más preparadas para las situaciones de emergencia, no es admisible que la capital de España se haya quedado paralizada, que hicieran falta cadenas para acercarse al aeropuerto situado a 12 kilómetros del centro, y que además ese aeropuerto haya cerrado su actividad. Los habitantes de Alemania, Austria, Reino Unido o Wisconsin, con toda seguridad se han llevado las manos a la cabeza al comprobar que una nevada fuerte ha paralizado gran parte de España, sus principales vías, su capital y su aeropuerto de referencia.

Bochorno. Vergüenza. Estupor. La vicepresidenta del Gobierno pedía tranquilidad en su rueda de prensa, pero la intranquilidad no la ha provocado el colapso, sino la incapacidad de las autoridades para hacer frente a una simple nevada. Fomento, una vez más, ha demostrado su ineficacia, su falta de previsión y su inoperancia, pero tampoco han quedado bien las autoridades municipales y autonómicas. Y además hemos visto, una vez más, cómo la patata caliente se la lanzaban de unos a otros. Es evidente, cada vez con más claridad, que el traspaso de ciertas competencias necesitan revisión urgente; llevamos mucho tiempo sufriendo las consecuencias de los traspasos hechos de prisa y corriendo, al socaire de las conveniencias políticas, sin tener en cuenta su conveniencia ni si quienes recibían las competencias estaban preparados para asumirlas. Por no hablar de que no está clara la coordinación ante ciertas situaciones de emergencia.

Bochorno. Vergüenza. Estupor. Y lo peor es que nadie, ninguna autoridad, ha mostrado excesiva preocupación por el caos que ha provocado una nevada que tampoco ha sido para tanto. España ha perdido hace mucho tiempo la carrera de la competitividad y de la innovación, pero cuando escuchan esa afirmación que corresponde a la realidad, las autoridades añaden de inmediato que en cambio somos un país ejemplar en materia de servicios. Pues no. También fallamos en ese terreno. Funciona el turismo, la hostelería, contamos con una sanidad pública muy por encima de la media de otros países occidentales, la mano de obra es competente y cualificada... pero somos incapaces de reaccionar con prontitud y eficacia ante un clima adverso.

Magdalena Álvarez se encogerá de hombros, como siempre, y Zapatero restará importancia al colapso, el presidente no se apea de su optimismo funcional ni siquiera ante la cifra dolorosa de un millón de parados. Pero lo vivido este viernes provoca bochorno, estupor y vergüenza.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios