La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Más Constitución y menos pin

Los colegios no deben fomentar ni la homofilia ni la homofobia, ni viceversa: sólo educar para la igualdad

Tras la cuestión del pin parental, tan artificialmente inflada por un PSOE empujado por Podemos aprovechando la maniobra oportunista de Vox para empujar al PP (porque ambos están presos de sus apoyos), está el importante asunto de los límites que han de ponerse a la educación pública cuando se trata de ideologías, creencias, valores, prácticas o costumbres que van más allá del marco constitucional; y de los que han de ponerse a los padres cuando su derecho a educar a sus hijos contraviene dichos límites constitucionales.

No se trata, por ejemplo, de inculcar en los niños que la heterosexualidad o la homosexualidad son cosas estupendas o perversas, sino el artículo 14 de la Constitución: "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Ni la homofobia ni la heterofobia caben en nuestra convivencia democrática. Todos sabemos qué es la homofobia: la aversión hacia la homosexualidad o las personas homosexuales. La heterofobia es menos conocida, ni siquiera la RAE la reconoce, pero existe como aversión hacia la heterosexualidad o las personas heterosexuales.

¿Que exagero? Echen un vistazo, no a las opiniones de cualquiera, sino a las de la diputada de Podemos Beatriz Gimeno, elegida por Irene Montero, ministra de Igualdad, para dirigir el Instituto de la Mujer. Este cargo público ha escrito que "la heterosexualidad, el régimen regulador por excelencia, no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que es una herramienta política y social con una función muy concreta que las feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres". Esto es tan pura heterofobia como desde el lado opuesto es pura homofobia considerar la homosexualidad una desviación o una enfermedad. Por no referirme a su disparate de estimar oportuna la penetración anal de los hombres heterosexuales "para que se produzca un verdadero cambio social que iguale a hombres y mujeres".

En los colegios no debe fomentarse ni la homofilia ni la homofobia, ni la heterofilia ni la heterofobia. Y no se deben inculcar peregrinas cuestiones ideológicas sin fundamento científico que no son más que prejuicios u opciones personales. Basta que exista una asignatura llamada Constitución española.

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