Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

Desigualdad y fracaso escolar

POCAS cosas hay tan importantes como proporcionar una buena educación a los hijos, en el sentido más amplio de una formación técnica, ética y emocional para hacer frente a los retos de la vida. Los resultados de las pruebas, ahora centradas en matemáticas, del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, en sus siglas en inglés), para chicas y chicos de quince años, no son buenos para España, y menos para Andalucía. La primera conclusión es que hay fuertes disparidades entre países, dentro de ellos, y entre los alumnos que sobresalen, los normales, y los que se quedan en el escalón más bajo.

En orden de mejor a peor, Navarra, Castilla y León, País Vasco, Madrid, La Rioja, Asturias, Aragón, están por encima de la media de los países que participan en el programa; Cataluña, Cantabria y Galicia algo por debajo; Baleares, Andalucía, Murcia y Extremadura, bastante por debajo. Las que no están es porque no participan. Esta evaluación resulta útil si sabemos aprovecharla tomando medidas concretas para corregir nuestros defectos; sin embargo, por los comentarios que he visto, o bien se trata de negar la evidencia, obuscar culpables, o aprovechar para defender ideas sesgadas y simplistas como: más exigencia.

Pero los datos del informe muestran que la exigencia viene de la mano de otras cosas. Uno, estimular la excelencia de los mejores y reducir el número de fracasos no son excluyentes; dos, las desigualdades económicas y sociales influyen claramente en el conocimiento de las matemáticas; tres, las políticas hacia inmigrantes, en las que Alemania es muy activa, reduce eficazmente la desigualdad de este colectivo; cuatro, hay países con una gran igualdad educativa donde los alumnos están muy por encima de la media, y otros como China, donde una gran desigualdad (una fuerte selección) proporciona un éxito ficticio; cinco, buenas escuelas públicas con profesores muy cualificados y bien pagados son la mejor arma contra el fracaso escolar en matemáticas; seis, el apoyo temprano cuando un alumno flaquea se demuestra altamente efectivo; siete, que este apoyo se dé en la escuela primaria es fundamental; ocho, los apoyos han de ser tanto docentes como, en su caso, a las familias.

A estos puntos hay que añadir que el entorno socioeconómico familiar es claramente determinante del éxito y fracaso en matemáticas; pero no siempre. Las expectativas y ambición de los padres para sus hijos; la confianza que estos muestren sobre su capacidad para las matemáticas, sobre todo en el caso de las chicas; no faltar a clase, porque hay un elevado absentismo en España; estar encima de ellos desde muy pequeños; la motivación de los jóvenes para estudiar y el sentido de pertenencia al colegio son factores que se demuestra cuantitativamente que influyen en el rendimiento. La conclusión que surge de estos datos es que la exigencia tiene que venir junto con inversión económica en educación, y desde la escuela primaria; que esta inversión tiene que corregir tempranamente las desigualdades; y hay que conseguir que los padres, con menos o más medios económicos, se impliquen completamente en el proceso.

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