HIERBA Y CAL

Juan Antonio Solís

Disfrute

JESÚS Navas hace carne esos sueños que tanto reconfortan a los que se irán a la tumba con la espina de no haber sido futbolistas profesionales. Representa el juego desnudo, el juego inocente, ese juego de la calle que borbotea en nuestra memoria cuando volvemos a pasar por aquel empedrado donde nos dejamos peladas las rodillas. Cuando recibe la pelota y arranca con esa ligereza y esa espontaneidad, nos vemos reflejados en él, porque en esos sueños que aún perviven en nosotros, jugamos como él juega. Amagos, fintas, regates, virguerías... Disfrute con la pelota en definitiva. De hecho, me llama la atención que en cada una de sus inseguras ruedas de prensa, siempre acaba apareciendo esa misma palabra: disfrute. El sustantivo, el infinitivo o en cualquier tiempo verbal, da igual. Esa pureza alumbra, cautiva.

Quizá por esa empatía que genera su escuálida figura, y de la que por supuesto él es ajeno, goza de un fabuloso predicamento a nivel nacional. La gran mayoría de los aficionados españoles anhelan el momento en que Del Bosque le abra las puertas de la mejor selección del mundo, y probablemente sea el lunes cuando el fabuloso extremo sea reclamado. Es posible que bajo ese mayúsculo ogro mediático que siempre se cierne sobre la selección, a Jesús se le vuelva a aparecer ese durísimo marcador que sólo juega en su mente. Pero ante esa amenaza, me da a mí que todo psicólogo sobra, que el remedio lo va a encontrar el sevillista en ese grupo de geniecillos que dotan de personalidad a la Roja, porque todos conciben el fútbol como él. Como lo conciben los niños y como lo seguimos concibiendo todos en nuestros sueños: el juego en su perfil más lúdico. Como el mayor de los disfrutes.

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