Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Distintas formas de hacerse millonario

TODOS los amigos mexicanos que he tenido se sienten orgullosos de un asunto: el hombre más rico del mundo es mexicano. Al contrario de lo que suele suceder en los países occidentales, en los que están en vías de desarrollo el poder económico se muestra públicamente sin ningún tipo de pudor, ejerce una influencia política sin frenos y modifica las leyes, cambia los parlamentarios o presiona al Gobierno de turno sin limites.

Esto no sucede sólo en México. En Brasil, Colombia o Perú, distintos grupos empresariales condicionan la política que el gobierno lleva a cabo hasta limites que ponen de manifiesto la escasa calidad del sistema democrático. Lo sucedido en México durante los últimos cuarenta años ejemplifica en gran medida las consecuencias que se derivan de no poner coto a las actividades de lobby de distintos grupos de presión.

Es especialmente grave el caso de Carlos Slim, principal accionista de América Móvil, la mayor operadora de telecomunicaciones de América Latina. Limitada inicialmente al mercado mexicano, Slim se hizo con una participación mayoritaria de Telmex, cuando ésta fue privatizada por el Gobierno. Hasta hace unos diez años, la compañía ha estado prestando el servicio de telefonía en régimen de monopolio. El posterior lanzamiento de los servicios móviles obligó al gobierno mexicano a abrir el servicio a otras operadoras.

De poco ha servido esa apertura para mejorar el servicio y fortalecer la competencia en el mercado mexicano. Diez años después, Telmex acapara casi el 100% de la telefonía fija y el 70% de móviles. Su principal accionista ha utilizado todo tipo de artes para impedir el progreso de la competencia, incluyendo el de Telefónica.

El resultado es que todavía la conexión de banda ancha estándar en México es de un mega, frente a los diez megas de los países occidentales. La OCDE ha calculado que ese estado de cosas le cuesta anualmente a los mexicanos mas de 20.000 millones de dólares de sobrecoste, debido a los altos precios y la baja calidad del servicio.

Habiendo construido de esta forma una empresa de gran tamaño, las sucesivas liberalizaciones y privatizaciones de los servicios en otros países de América Latina han permitido a la empresa presidida por Slim convertirse en la primera del continente de habla no inglesa.

Pero una cosa es prestar un servicio en régimen de monopolio y otra compitiendo con otras empresas. El fácil crecimiento en América Latina se explica por la baja competencia y el carácter básico de lo servicios. Pero en los mercados occidentales, la competencia en móviles ha sido brutal desde el inicio y los reguladores han obligado a las compañías propietarias de las líneas fijas a abrir sus redes a nuevos competidores. Nada de esto ha existido en México.

La reciente oferta de Telefónica a la holandesa KPN para comprar su filial de móviles alemana ha sido contestada por América Móvil lanzando una oferta por todo el grupo KPN. La compañía de Slim pierde dinero en Telekom Austria, el único mercado en el que opera en la UE. En Austria, como en Holanda o en el resto de la UE, no tiene gobierno al que presionar ni utilizar sus artes para acorralar a la competencia. El Atlántico separa a Europa de América Latina no sólo físicamente. Lo hace también en las formas de competir y de hacerse rico. Antes de sentirse orgullosos, mis amigos mexicanos deberían avergonzarse de la forma como algunos se hacen millonarios.

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