La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Don óptimo, vacunas y responsabilidad

Conforme avanzan las vacunaciones y se relajan las restricciones, más importante es la responsabilidad personal

El gran Rafael Escobar, creador de Zipi y Zape, Carpanta o Petra criada para todo, creó en 1964 la pareja de don Óptimo y don Pésimo para el Tiovivo. Para el primero todo era color de rosa y para el segundo, negrísimo. Pedro Sánchez ha adoptado el papel de don Óptimo. Sólo habla de la recuperación económica y la vacuna. Incluso ha iniciado una cuenta atrás -"quedan 99 días", "quedan 98 días", quedan 97 días"- para la inmunidad de grupo ("¿Por qué no mejor que hablar de la inmunidad de grupo se habla de la inmunidad de rebaño? Es una expresión más acorde con las aspiraciones de convertirnos en ganado sumiso", se pregunta Rubén Amón). El papel de don Pésimo se lo deja a los presidentes de las comunidades autónomas y, sobre todo, a los sanitarios. Estos últimos no dejan de advertir de que, pese al evidente avance en las vacunaciones, aún estamos lejos de la normalidad (la de verdad, no la "nueva" que Sánchez se inventó el verano pasado).

El Consejo Andaluz de Colegios de Médicos ha advertido de que "de no cumplir de manera exhaustiva las medidas sanitarias recomendadas hay una alta probabilidad de que nos encontremos nuevamente en una situación de extrema necesidad y de alto riesgo de incremento de la tasa de infecciones por Covid-19 y, por tanto, de saturación de hospitales". Sobrados de razón están. En Sevilla tenemos una media de 400 casos diarios. En España hay entre 70 y 100 muertes diarias. Es cierto que gracias a las vacunaciones las muertes semanales por Covid han caído un 90% desde enero. Pero, como señala el epidemiólogo Salvador Peiró, "además de la vacunación, han influido las restricciones, que hacen caer los casos y, por tanto, las hospitalizaciones y las muertes". Ahora las restricciones se relajan y muchos actúan como si todo hubiera pasado. No es así. El epidemiólogo Daniel López Acuña avisa: "No podemos aceptar 80 o 50 muertes diarias. Hemos convertido la cifra en un parámetro y no vemos las personas que hay detrás. Nos hemos anestesiado. En la medida en que tengamos una incidencia alta, tendremos un grado de mortalidad: necesitamos ver caer la incidencia por debajo de 25 casos por 100.000 habitantes para que se reduzcan más las muertes". El progresivo éxito de las vacunaciones no debe invitar a dejar de cumplir las medidas sanitarias recomendadas. Conforme se relajan las restricciones, más responsabilidad se nos exige.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios