La ciudad y los días

carlos / colón

Espadones

EN este asombroso país nuestro el partido de raíces marxistas-leninistas abonadas con la indignación del 15-M, tronco bolivariano-chavista y antisistema, y ramas que dan los más variados frutos según por donde sople el viento de las encuestas, da marcha atrás, se salta a piola una de las mayores conquistas democráticas desde los ya lejanos años de la UCD de Rodríguez Sahagún y opta por meter a los militares en política y ofrecer el cargo de ministro de Defensa a un general en la reserva.

El último militar que ocupó el cargo de ministro de Defensa fue el general Gutiérrez Mellado, a quien todos debemos agradecer el valor, sacrificio personal y lealtad con los que hizo posible el inicio de la reforma democrática del Ejército, hasta entonces mayoritariamente franquista, en los duros años 1977-1979. Y antes de asumir el cargo pasó voluntariamente a reserva para ejemplificar ante sus compañeros de armas que la profesión militar era incompatible con la dedicación a la política. Le sucedió Rodríguez Sahagún en 1979, primer civil que fue ministro de defensa desde la Segunda República, que salvo unos meses entre 1935 y 1936, y el trágico epílogo del Consejo Nacional de Defensa del coronel Casado, siempre puso al Ejército bajo mando de civiles, desde Azaña en 1931 hasta Negrín en 1939. Tal vez al nuevo fichaje de Podemos le venga bien reflexionar sobre el trágico destino del coronel Casado, al final vilipendiado por igual por franquistas y republicanos del exilio.

Que Podemos, no otro partido, proponga que un militar vuelva a ocupar la cartera de defensa -"mi ministro de Defensa" le llamó un almibarado Pablo Iglesias-, rompiendo lo que la democracia instituyó desde 1979, es una evidente involución. Demasiado sabemos los españoles de los espadones que padecimos desde Espartero o Narváez hasta Franco.

Así que en este asombroso país nuestro un partido supuestamente renovador y de extrema izquierda anuncia que, de poder hacerlo (afortunadamente no podrá), nombrará ministro de Defensa a un general en la reserva y ex jefe de la cúpula militar; y un Gobierno de derechas lo destituye como vocal de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo por "falta de confianza" al haber incumplido el deber de neutralidad política que obliga a los miembros de las Fuerzas Armadas. Hombre, tendría gracia que un candidato del republicano y ultralaicista Podemos fuera vocal de una Real Orden encomendada a San Hermenegildo.

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